Culiacán, Sinaloa al 29 de julio de 2026.- Hace casi dos años en el mes de agosto de 2024 el ministerio de Relaciones Exteriores de Ucrania formalizó la ruptura total de todo tipo de lazo diplomático con la junta militar que gobierna la República de Mali. Esta drástica medida respondió a los señalamientos provenientes de Bamako, capital de Mali, que acusó tajantemente a la inteligencia militar ucraniana de proporcionar información táctica a los rebeldes separatistas tuareg y grupos radicales yihadistas al norte del país africano.

El conflicto diplomático escaló en gran medida tras una emboscada donde decenas de soldados malienses y contratistas militares del grupo ruso Wagner perdieron la vida. A partir de este suceso Kiev rechazó enérgicamente las acusaciones de Mali, calificándolas de “apresuradas y sin pruebas”, a la par que denució la creciente dependencia del régimen maliense hacia los intereses estratégicos del Kremlin en la región del Sahel.
Esto último mencionado ha venido siendo cada vez más frecuente y notable donde el gobierno maliense se ha aliado y encomendado cada vez más con Rusia desde que GoÏta asumió el control directo en el año 2021. Dicho hecho vuelve a cobrar relevancia al día de hoy debido a que el conflicto armado y geopolítico entre Rusia y Ucrania continúa sin cesar llevando al día de hoy ya un par de años activo y de donde se demuestra la poderosa influencia que puede llegar a tener un régimen como el ruso de Vladimir Putín, no solo en Europa del Este, sino también en otros continentes y latitudes como lo es en este caso al norte de África.


