Por Ericka Cerdas.
Aunque las elecciones presidenciales en México ya parecen cosa del pasado, siguen siendo un tema muy recurrente en la palestra pública. Los partidos de oposición, con una conveniente amnesia, parecen haber olvidado que fueron aplastados por un 30%. ¿Responsabilidad política? Eso no se encuentra en su diccionario. Aquí, claramente, nunca pasó nada. Para ellos, la derrota fue como una dosis de vitaminas: ahora se sienten “más fuertes” que nunca. Al final del día, los grandes líderes seguirán muy cómodos en la silla del escaño por seis años más.
¿Xóchitl, qué?
¿Se acuerdan cuando Marko Cortés y Alito Moreno salían a la prensa a decir que existía una elección de Estado? El mismo 2 de junio el presidente del PAN salió a decir que iba impugnar la elección, ya que el presidente López Obrador había intervenido directamente, violentando la constitución y la ley electoral. Después, la narrativa fue que defenderían voto por voto a Xóchitl Gálvez y a cada uno de los candidatos que participaron en la contienda.
Pero, ¿qué pasó con todas esas palabras? Pues quedaron en eso, en meras palabras. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, concluyó el análisis de las impugnaciones de la oposición a los comicios y desestimo todos los agravios reclamados por la oposición. Dentro de los alegatos que utilizaron fue que la oposición fue ineficiente al tratar de probar las irregularidades denunciadas. Ni los líderes del PAN, PRI, o PRD se molestaron en presentarse ante el Tribunal para insistir en las impugnaciones o para pedir reuniones con las magistraturas. Como decimos en mi rancho, se dejaron morir solos.
Pero claro, nada de esto importa mucho porque los líderes en las cúpulas seguirán con su chamba asegurada por seis años más. ¿Entonces, para qué el desgaste?
El último clavo del ataúd del PRI
A puerta cerrada y con solo 600 consejeros votando, se decidió que Alejandro Moreno Cárdenas seguiría al frente del PRI hasta 2028. ¿Este secretismo y oscurantismo no les recuerda a alguna época oscura de la historia mexicana? Poco se sabe sobre lo que realmente ocurrió en esa jornada o sobre los discursos que se emitieron, pero lo que está claro es que tendremos a Alito para rato.
Tras la toma de protesta, el máximo líder del partido enfatizó en que el PRI necesita una renovación integral y profunda. Muy atinadas las palabras del señor, pero, ¿cómo espera un cambio si él sigue en la silla? ¡Parte de la derrota por 30% recae en él, en su reputación y en las decisiones que tomaron! Entonces, ¿cómo esperan ver un cambio si la raíz del problema sigue intacta?
Todo esto nos deja una moraleja; la política mexicana parece un ciclo eterno de promesas vacías y de liderazgos que se reciclan sin la menor vergüenza. En sus discursos nos dicen y nos repiten que todo cambiará, pero la realidad es que el pueblo mexicano sigue atrapado en el mismo juego de poder, donde los mismos se aferran a puestos y la oposición se disuelve en palabras. ¿Y nosotros? Pues bien, seguiremos esperando lo mejor y preparándonos para los peor. ¿Y ellos? Pues, haciéndose los trajes y preparando la fiesta la toma de protesta del 1 de octubre. Por mi parte, seguiré escribiendo en esta columna de los que los otros prefieren olvidar o callar.



