Por: Adrian Espinosa de los Monteros
Dice Sidney Tarrow que el verdadero problema de los movimientos sociales no es el incentivo individual para participar sino cómo coordinar a poblaciones desorganizadas, autónomas y dispersas de cara a una acción común y mantenida, señalando que esta coordinación se logra respondiendo a oportunidades políticas, utilizando formas modulares de acción colectiva, movilizando a la gente a través de núcleos sociales y asumiendo supuestos culturales.
En este sentido, la gran mayoría de los liderazgos de los movimientos sociales son poco conocidos y suelen estar dispersos en una estructura poco cohesionada compuesta por individuos que si bien responden a las mismas demandas, tienen aspiraciones individuales diferenciadas.
En el contexto de las manifestaciones convocadas por movimientos sociales están los grupos de choque, un conjunto de personas organizadas, muchas veces de forma clandestina o informal, cuya función principal es intervenir de manera violenta o intimidatoria para desmovilizar, reprimir o infiltrarse en protestas, marchas o manifestaciones sociales con el fin de deslegitimar, debilitar o antagonizar mediante agresiones físicas, destrucción o amenazas y estos son usualmente vinculados a intereses del Estado, partidos políticos, empresas o élites que se sienten amenazados por la protesta.

Por ejemplo, durante el movimiento estudiantil de 1968, se denunció la presencia de porros (grupos estudiantiles paramilitares), usados por el gobierno para provocar violencia, justificar la represión y desarticular el movimiento, mismos que actuaron como grupos de choque.
Es ante este marco conceptual y contexto histórico en el que se debe insertar la protesta del fin de semana pasado en la Ciudad de México denominada marcha antigentrificación, una iniciativa que se convocó ante el alza de rentas en dicha ciudad, especialmente en zonas como la Condesa, la Juárez y la Roma, donde plataformas como Airbnb han estado ganando terreno en los últimos años y cuyas practicas especulativas se han venido implementando en el marco de una masiva ¿migración? de ciudadanos estadounidenses y europeos (Norte Global) que se ve beneficiada por la falta de regulación de estas plataformas por parte del gobierno capitalino y federal, misma que ha propiciado, desde hace ya varios años, el desplazamiento (gentrificación) de población originaria hacia los margenes de la ciudad ante las rentas impagables.
Sin embargo, la narrativa en redes de este acontecimiento y en particular esta última marcha ha sido de desprestigio, porque, retomando a Tarrow, muchas veces los movimientos sociales ven opacados sus objetivos ante el exceso de protagonismo de personas poco convencionales que en nombre de “todo el movimiento” plantean una serie de exigencias perturbadoras (“maten al gringo”) que convierten en enémigo a aliados potenciales.
Más allá de si eran grupos de choque o no, asunto que podría ser irrelevante, es una realidad que la narrativa manejada en redes ha sido de estigmatización y dado este contexto digital, donde los medios manejan las noticias a su conveniencia, el grueso de la población que no adhiere al movimiento no se está informando sobre las consecuencias de la gentrificación (que dicho sea de paso incumbe a toda la clase trabajadora) y en su lugar estamos viendo cómo influencers como Luisito Comunica se han adueñado del discurso apelando a cosas tan poco importantes como la iconoclastia.
Vi el reel que Luisito compartió en Instagram y por ahí leí un comentario que decía que no dijo ninguna mentira. Es cierto. Los actos de vandalismo a negocios mexicanos que no la deben ni la temen son lamentables y condenables, pero el youtuber hizo algo mucho peor: aprovechar su exposición mediática para desviar la atención del meollo del asunto, pero como dice la experta en política de vivienda Carla Escoffié: una cosa es la marcha anti gentrificación, con su mezcolanza de consignas pro-palestina, anti-sionismo y demás tergiversaciones (dicho sea de paso hay quien se atrevió a señalar que era una marcha de morenistas, obviando su ignorancia porque 1. El cartel inmobiliario en CDMX está vinculado al PAN y 2. La gentrificación es un fenomeno a nivel mundial, con fuertes manifestaciones en su contra en territorio europeo.) y otra cosa muy diferente es la gentrificación en sí, las políticas públicas de vivienda, el costo de vida y el desplazamiento.
El giro de tuerca en contra de la marcha ha sido tan marcado que hay quienes se atreven a decir, apelando a las consignas controversiales de los manifestantes violentos, que se está ejerciendo una suerte de xenofobia en contra de los “expats” y que eso contrasta con lo solidario que se es con los migrantes sudamericanos. Un falso dilema. Una persona estadounidense que llega a México no lo hace precisamente porque viene huyendo de condiciones adversas sino todo lo contrario: aprovecha las condiciones socioeconómicas de su nuevo hogar para revalorizar su moneda; ese no es el caso del migrante latino-sudamericano: ahí sí se migra para buscar una vida digna, no para aprovecharse de una coyuntura.
Recordar que este en un momento histórico de las relaciones México-Estados Unidos de los más tensos que se puedan recordar, con redadas constantes de ICE en Los Ángeles, atropellos a los derechos humanos que se está cometiendo, como para hacer semejante declaración. Y dichas tensiones ya no solamente están ocurriendo en el territorio estadounidense: también están teniendo lugar en Ciudad de México, en Mazatlán, en Manzanillo o en Oaxaca, con todo lo que eso implica.
Y esta relación MX-EU ha sido, a través de los años, mediada por la asimetría y la subordinación que se ven reflejadas en pancartas problemáticas que aparecieron en la marcha como “México para los mexicanos” o “fuera gringos” y en este sentido se tendría que remarcar que, más allá de la indignación por lo controversial o el roce con la xenofobia, se debería hacer un esfuerzo mayor por comprender que las pancartas son vehículos por donde se manifiesta el descontento social y las desigualdades estructurales; que son pequeños espacios donde los manifestantes deben sintetizar ideas y sentires; que el análisis cualitativo es importante; pero sobre todo que no se trata de un problema de nacionalidades sino de desigualdad entre clases (norte global-sur global)
Esta nube mediática no debe de opacar las discusiones que se están llevando a cabo desde la academia, las redes sociales y el periodismo sobre la vivienda digna, los procesos de gentrificación e incluso el lento, pero tenaz borrado cultural que estos procesos traen consigo, pues las colonias se convierten en espacios para el hiperconsumo con un alto costo humano.


