De acuerdo con la ONU, se impulsa el cultivo de alimentos con agua salada en el Delta del Mekong

En la zona más al oriente de la península indochina, exactamente en el sudeste asiático, se encuentra la región del Mekong perteneciente a Vietnam, lugar que en las últimas décadas ha venido experimentando notables consecuencias causadas por el cambio climático y lo que este conlleva, claro ejemplo de ello es el aumento de los pantanos, el clima extremo y sobre todo el aumento desmedido del nivel del mar, donde particularmente este último suceso cobra gran relevancia, debido al efecto directo que tiene en los cultivos y la población de la región.

Contextualizando, durante generaciones los diversos productores de la zona, principalmente arroceros, habían sabido sobrellevar lo que el río Mekong tenía para ellos, desde sequías críticas hasta inundaciones repentinas, sin embargo, en los últimos años estos patrones han cambiado totalmente, principalmente por el accionar humano y el tan desmedido cambio climático ya mencionado. Ejemplo de esto, es la construcción de represas cerca del nacimiento del Mekong en la región del Tíbet, lo cual ha traído consigo la reducción de los niveles de agua que llegan y principalmente del arrastre de sedimentos que servían como una fertilizante natural para todos los arrozales y extensiones agrícolas del lugar.

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A la par de que todo esto sucede y el río retrocede, los niveles del mar aumentan año con año, trayendo consigo que el agua salada gane terreno en arroyos, canales y cuerpos de agua donde antes solo existía agua dulce, generando así una nueva problemática para los pobladores de la zona y en especial para los grandes agricultores, los cuales en vez de combatir directamente el agua salada se han tenido que adaptar e ir un paso más allá, cultivando el arroz cuando las condiciones del agua son más dulces y dándole prioridad a la cría del camarón cuando los niveles de salinidad del vital líquido son más altos.

En la provincia de An Giang, el cultivo de arroz y camarón cubre ahora más de 100.000 hectáreas de tierra afectada por agua salada, con agricultores que adoptan cada vez más métodos orgánicos que usan menos fertilizantes químicos y pesticidas. Esto forma parte de un esfuerzo generalizado por orientar las prácticas agrícolas hacia enfoques más sostenibles y resilientes al clima.

Ante tal situación, las autoridades vietnamitas advirtieron este verano de que el fenómeno climático podría traer calor prolongado, menos lluvias y un empeoramiento de la intrusión salina, amenazando potencialmente cientos de miles de hectáreas de arroz en el delta del Mekong, todo esto ya mencionado anteriormente.

En fin, el actuar del gobierno y el pueblo vietnamita debe ser en conjunto y bien coordinado, esto con la finalidad de tratar de mitigar en la mayoría de lo posible el impacto económico y social del cambio climático, en específico en lo que tiene que ver con el aumento del nivel del mar, la intrusión del agua salada y lo que esto trae consigo, para esto buscándose diversas alternativas de adaptabilidad como las ya mencionadas.

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