Despedida.

Por Adrián Espinosa.

Luis estaba triste porque había perdido su trabajo y además había sido corrido de un departamento por alguien que no pagaba renta ni vivía en dicho departamento, todo durante el mismo día. Luis pensó en regresar a su natal Coahuila, porque ya no tenía nada que hacer ahí. Luis había tomado un uber hacia la Central del Norte de la CDMX, aceptando su destino. La salida más cercana era dentro de 2 horas, por lo que tenía que matar tiempo de una u otra forma. En ese tiempo recibió una llamada de su amigo Roberto, quien le ofreció consuelo y hospitalidad que lo terminaron por convencer de regresar del camino por donde venía, así que decidió quedarse 1 semana más.

Canal de whatsapp Politikmnte

Pasaron los días, el desazón no cesaba en lo más profundo de Luis. Caminatas erráticas por calles conocidas, que se torcían por momentos. Luis salía poco o nada de su cuarto. Hasta que llegó el día previo a su partida, donde, junto con Roberto, decidió que lo mejor era hacer una tradicional despedida, ¿qué podría salir mal? En ese momento, Luis había salido un par de veces con una chica llamada Lana. Las citas habían sido intrascendentes, efímeras. Luis pensó que era lo que lo unía a esta chica, concluyendo que era poco o nada, salvo algunos intereses en común, como los tenía con muchísima gente, por lo que no era nada especial.

A Luis se le ocurrió, tal vez porque no tenía a nadie a quien invitar, que era una buena idea invitar a Lana, qué más daba, si ya no la iba a volver a ver. La invitó y la susodicha aceptó. A la reunión también asistieron Mariana y Gilberto (este último, primo de Luis). Mariana es una de las mejores amigas de Luis, por lo que su asistencia era más que obvia. Gilberto, primo de Luis, empezaba a convivir y conocer a Roberto, por lo que su presencia era más que bienvenida también.

Parecía otra “peda” más, hasta que el Roku Gin Japonés empezó a hacer efecto en los asistentes, incluyendo Luis. Luis tenía la intención de lograr algo esa noche con Lana, por lo que “se envalentonó” con el licor. Lana parecía más bien distante y en algún momento, rechazó sutilmente a Luis, cuando este hacía una aproximación en la cocina. A pesar de no sentir nada realmente profundo por esa mujer, Luis empezó a sentir cierta frustración, sobretodo cuando Lana empezó a hacer halagos sobre el aspecto físico de Roberto, su mejor amigo.

Los minutos pasaban, en algún momento Luis recuerda una conversación sobre género, feminismo radical o similar. Luis también recuerda haber sido víctima del licor y perder la concentración por completo, en medio de la noche y la discusión. En cierto momento, Luis decidió irse a dormir en completo estado de frustración, inconsciente de si los demás notaron su estado anímico. Más adelante Luis regresa un rato y cuando se aburre, se vuelve a retirar, pero algo le decía a Luis que la noche iba a terminar de una forma no muy agradable para él. Presentía que Lana iba a intentar algo con Roberto, la frustración fue creciendo en Luis mientras se debatía con las sabanas, cobijas y almohadas que Roberto muy amablemente le había prestado.

Luis despertó súbitamente a las 4 am. Se paró a ver si algo estaba pasando. Nada. Todo en silencio, como cementerio. Se encontró a Lana dormida en el sillón con una cobija tapándole el cuerpo. En algún momento, Lana se levanta al baño y Luis nota que estaba en ropa interior. Bueno, habrá sido para dormir de forma más cómoda, se dice a si mismo. Dan las 6 am y Luis, a pesar de haber sido rechazado por Lana, decide acompañarla hasta el portón del edificio cuando llegó su uber.

Pasadas 3 horas y Roberto se despierta para confesarle a Luis lo que pasó, sin advertir que Luis había estado en un estado emocional muy deplorable y cualquier cosa podía desequilibrarlo aún más. Luis sintió una serie de temblores interiores, difíciles de procesar, su respiración jadeaba intermitencias. Roberto está sorprendido, no sabía que había dañado a su amigo. “No pensé que te fuera a importar” suelta Roberto, pero si sí fue así te pido perdón”. Luis acepta las disculpas.

Sin embargo, el ambiente está ya enrarecido, por lo que Luis se mete a bañar con el permiso de Roberto y luego deciden salir a una caminata para despejar los pensamientos. En algún momento, Luis se quiebra en medio de la calle Tlaxcala para después fundirse en un abrazo fraternal con Roberto. “Ya estoy llorando” dice Roberto. Luis nunca había visto llorar a Roberto, ni Roberto a Luis. Poco a poco la pesadez va aminorando, sin embargo Luis tiene que tomar un autobús que lo llevará por un camino de 17 horas.

A Luis le pesa mucho esto, debido a su estado emocional. Roberto lo acompaña hasta la Central del Norte. En el camino, Roberto señala los beneficios de la psilocibina en gente con y sin depresión, suministrando una dosis a Luis para que se relaje y centralice la autoestima. Llegó el momento de partir, Luis se despide de Roberto, esperando encontrar consuelo en el camino zigzagueante por el trago amargo de la noche anterior.

Adrián Espinosa de los Monteros Tatto
Columnista
Es licenciado en Comunicación por la Universidad de las Américas CDMX y maestrante en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Autónoma de Sinaloa, ha colaborado como articulista en los sitios Vida Pública, Cultura Colectiva y Milenio. Trabaja en comunicación digital y escribe sobre asuntos públicos, ideología, democracia, discurso, teoría política y económica.

CONTENIDOS

LO QUE SIGUE
ÚNETE A NUESTRA CONVERSACIÓN

Suscríbete para recibir contenido exclusivo y no perderte ninguna actualización de nuestros columnistas.