Efímero.

Por Adrián Espinosa.

Últimamente parece que la indisponibilidad es la norma, el mandato por excelencia de la Modernidad Liquida, la indiferencia como estandarte de las relaciones sociales, la falta de procuración del otro y el desdén a todo tipo de acercamiento emocional. La otra vez me dijeron que era demasiado noble, como si la nobleza fuera un valor extinto en el siglo 21 o una especie de desafío al entumecimiento emocional de la inmensa mayoría, una disculpa por pasar de la tercera persona a la primera sin previo aviso, sin embargo así ha estado todo últimamente: remolino de brusquedades, de incomodidades corporales, la bruma de la indecisión y la desidia, sinsabores de la monotonía y la levedad del ser.

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Dicho esto, aparentemente ahora la norma es la malicia, aunque no me gusta ver las cosas desde un punto de vista moral, pero así lo ven casi todos. Se dice que “a alguien le falta malicia” yo diría que lo que falta es nobleza, malicia ya hay suficiente en el mundo, ya hay demasiado egoísmo, individualismo, narcisismo y egoísmo. No me gustan las ideas maniqueas que causan revuelo en Twitter, aunque, guilty as charged, las he practicado en el pasado, pero somos seres inherentemente incongruentes como dijo algún filosofo griego cuyo nombre no recuerdo.

Las redes sociales han venido a impulsar el individualismo de la gente y a propulsar los amores líquidos y las vidas liquidas, pues es que Bauman tiene razón: vivimos en una sociedad moderna liquida que no puede detenerse, hay que modernizarse: es decir, desprenderse, día sí, día también, de atributos que ya han pasado su caducidad y despojarse de las identidades actualmente ensambladas – o morir. En dicha sociedad, nada puede declararse exento de la norma universal de la desechabilidad y nada puede perdurar más de lo debido: todo es efímero.

Desearía comprender al 100 % todo lo que dijo Bauman, pero es inútil. Mientras esperas que tu crush reaccione a tu historia, el panóptico digital sigue haciendo de las suyas con sugerencias de publicidad nada discretas que se adoptan perfectamente a tu vida que hasta da miedo. Se podría ver a las redes sociales como una cámara de eco donde el remitente y el destinatario es la misma persona. La cámara de eco siempre está activada, a menos que uno decida pausarla por salud mental.

No sé si sea muy arriesgado decir que es la época en el que el ser humano tiene más libertades de la historia, pero irónicamente se siente menos libre que nunca y estancado. La incertidumbre es el pan de cada día, la incertidumbre de un buen trabajo, de un buen sueldo, de una amistad duradera y verdadera, de un amor perdurable y lindo, no podemos detener este mundo vertiginoso y despiadado: solo podemos aminorar el ritmo del cambio y tratar de influir en lo que mínimamente tenemos control, que es casi nada.

Como en la Sociedad de Consumo, la piedra angular de las Redes Sociales es siempre buscar que la satisfacción siempre esté incompleta, dando paso a una frustración constante que se renueva a medida que se llevan a cabo distintas reformas de las apps: renovación de la interface, cambio de features, restructuración digital, etc.

Casi no tenemos forma de manejar esa frustración ante la velocidad de la tecnología ni tiempo de procesar la ola de información que inunda nuestros dispositivos a diario. Vivimos abrumados, mortificados, en estado perpetuo de alerta y ante el mínimo incentivo se nos derrumba nuestro sistema de creencias, nos atemorizamos de la espiral del silencio ya que tememos alzar la voz ante las discrepancias digitales, no queremos salir de la corrección política, todos están encerrados en sus propias ideas maniqueas, no hay diálogo ni retroalimentación y al menor atisbo de desacuerdo, la gente saca los colmillos.

Adrián Espinosa de los Monteros Tatto
Columnista
Es licenciado en Comunicación por la Universidad de las Américas CDMX y maestrante en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Autónoma de Sinaloa, ha colaborado como articulista en los sitios Vida Pública, Cultura Colectiva y Milenio. Trabaja en comunicación digital y escribe sobre asuntos públicos, ideología, democracia, discurso, teoría política y económica.

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