Por Adrián Espinosa.
Las guerras generacionales se han acrecentado por el auge de las redes sociales. Un bando ataca, el otro responde y viceversa. Usualmente un bando le recrimina al otro carecer de alguna característica que para el emisor debería ser primordial, mientras que el atacado argumenta desconocer dicha característica por un asunto estrictamente generacional. Dicho de otra forma, todos son esclavos de su propio tiempo ya que eso sirve para alimentar el odio entre generaciones.
Recuerdo el conocido Ok Boomer, popularizado en Twitter hace algunos años, en donde se hacía mucho énfasis en las carencias generacionales de ese nicho en particular: como desconocer del uso correcto de la tecnología, la falta de habilidades para detectar fake news, no querer adaptarse a los tiempos modernos o adscribirse a ideas rancias. Aunque, bueno, es fácil tirar la pedrada cuando toda tu vida fuiste un nativo digital y naciste en el final del siglo pasado.
No queda muy claro porque los milennials fueron designados por unanimidad como la generación de cristal, sospecho que es por algunas opiniones emitidas en redes sociales donde se puede apreciar una hipersensibilidad con respecto a ciertos temas: no se puede bromar con minorías, ni siquiera acercarse a lo que podría ser una broma, se debe hacer comedia políticamente correcta, como le llaman en EEUU, la “PC crap” está por todos lados. Llámele usted como quiera: progres, wokes buena onda, utilice la etiqueta que quiera, pero esta gente está arruinando el internet y las redes sociales, ellos aspiran a un mundo perfecto, sin imperfecciones, impoluto, vacío, puritano.
En su gran mayoría este grupo social apoya ideas progresistas: reducción de la brecha salarial, reducción de la desigualdad, apoyo a las mujeres, cambios en el lenguaje, nuevas masculinidades (lo que sea que eso signifique), reivindicación de grupos vulnerables, cambios en la representación de estos grupos.. etc. Claramente, aquí hay causas claramente validas, sin embargo hay otras que rayan en lo ridículo.

Dejemos en paz a los milennials y su forma de arruinar toda la diversión, ahora pongamos la lupa en la Generación Z. No diré mucho de esta generación (procede a decir más que mucho), pero algo que me tiene pensativo últimamente es que los zoomers no tienen modelos a seguir como los tenían las anteriores generaciones, por ejemplo a los milennials les tocó ver a figuras perdurables, que no eran llamarada de petate ni flor de un día. Pienso en Michael Jackson, en los Back Street Boys, en Michael Jordan, Kurt Cobain, etc. ¿A quiénes siguen los Gen Z? Lo desconozco, pero sí sé que son figuras efímeras, que serán prontamente olvidadas, One Hit Wonders en toda la expresión de la palabra. Ídolos desechables. No sé, voy a culpar a la globalización y al libre mercado por este fenómeno.
Se sabe que Everything is a Remix, pero es indudable que estos nuevos ídolos (no todos) de la música, el internet, el arte o mencione el ámbito que usted quiera, son completamente desechables y no aportan algo de verdad importante para la sociedad o que pueda dar de qué hablar en una mesa familiar dentro de 100 años.
Los Gen Z son la primera generación socialmente torpe que carece de la más elemental habilidad para convivir en sociedad, así como de herramientas para comunicarse por una forma que no sea la digital. No se entienda este párrafo como que “los Z no tienen nada bueno que aportar” sino que solamente se están enumerando algunos hechos inherentes a dicha generación, así como las demás pueden tener sus propias debilidades y fortalezas.
De los milennials para atrás, la gente creció con objetos como: la videocasetera, los cassettes, los teléfonos fijos, el Walkman, los stereos, el ipod, el gameboy, el Nintendo 64, las cámaras de rollo (Kodak), el DVD, El Blu-Ray, los mapas de papel. Pues bueno, la Gen Z creció con todo esto también, solo que ahora todos vienen compactados en un Smartphone. ¿Será por eso que algunos están arruinados o cerca de estarlo? ¿Por qué crecieron ya con todo dado y sin mover un dedo?
Parece que el pobre autor “no soportó”. Sin embargo, mientras siguen discutiendo si las masculinidades no hegemónicas son de verdad necesarias, si las infancias trans esto o lo otro, si vale la pena hacerle caso al discurso de Tenoch Huerta (poder prieto) o si es o no excesivo el énfasis en el asunto de la identidad que se hace en redes sociales, en México cada vez se agranda más la desigualdad, cada vez hay menos empleo y los salarios están por los suelos, pero la opinión publica sigue pujando por estos asuntos que no deberían ser tratados como públicos.



