Por Adrián Espinosa.
En general, dentro del panorama mexicano, la política del gasto social suele ser denostada por ciertos sectores conservadores del espectro nacional. Se dice, entre chiste y chiste, que a aquellos sectores no les gustan las cosas regaladas. Que todo lo que el ciudadano debe de obtener debe de ser fruto de su trabajo (meritocracia) y que cualquier otra cosa presupone un asunto de improductividad o como se dice coloquialmente, huevonada.
Es interesante ver que el sector del conservadurismo socio-liberal mexicano, que tanto aboga por que México se convierte en una potencia europea (donde, por cierto, se recauda mucho más que aquí en términos de gasto social, ahí está Francia, que gasta 4 veces más que México y Chile, que gasta 19. 6 % de su PIB) reniegue tanto de este tema y la narrativa siempre es la misma: son clientelas, es un asunto electoral, son votos.
Se hace mención al asunto aspiracional de Europa de este grupo, porque es muy irónico que muchos de los asuntos que están en contra en México, son una realidad del otro lado del charco: redistribución del ingreso, desconcentración de la riqueza, economías nacionalistas.
Suelen pensar que, a menor estado, más riqueza habrá, pero se equivocan:
La presencia del estado es un motor económico para la sociedad, así lo ha demostrado a lo largo de la historia tanto en Europa con el Modelo Nórdico como en EEUU con el New Deal, por lo tanto no es cierto que el estado entorpece la economía, eso es un dogma (neo) liberal; de hecho, la etapa de mayor crecimiento económico en la historia estuvo acompañado del estado (1930-1980, antes de que se estableciera el paradigma neoliberal con Reagan y Thatcher)
Para este sector, el lema sálvese quien pueda aplica perfectamente, pues carecen de raciocinio al ignorar que ese gasto social se usa para emparejar las desigualdades e inequidades sociales, o como se dice coloquialmente, para emparejar el terreno. Es un asunto de justicia social, pues. Sin embargo, sigue habiendo mucha reticencia dentro de este subgrupo.
Pareciera un asunto obvio en el 2023, pero no todos nacemos con las mismas oportunidades. La justicia social se hace a través de la justicia fiscal, de las transferencias, de los programas sociales; sobra decirlo, pero, decir todo esto no significa que se consienta al asunto en términos de transparencia: si un programa se está ejecutando mal, que se rindan cuentas y/o que se reforme.
El caso de México es interesante pues en este último año de López Obrador, este ha aumentado considerablemente el gasto en protección social. De nuevo, los aludidos dirán que es por cuestiones electorales y como estoy de buenas les voy a dar la razón, ahora les digo:
¿Y luego? ¿Acaso el receptor de programas sociales no es un ser pensante como para tomar una decisión, a pesar de que de cierta forma esté condicionado? La premisa planteada es: el receptor es engañado maliciosamente y cae en la trampa.. ¿Y sí de verdad cree en el proyecto obradorista?
Este año, el gasto en Desarrollo Social fue de 1 billón 773, 006 millones de pesos, lo que representó un aumento de 6.3 % en comparación con el mismo periodo de hace un año. En cuanto a Protección Social, el aumento fue de 8.1 % anual y de acuerdo con el PEF, el gasto en protección social terminará el año con 1.7 billones de pesos.
El asunto de la justicia social anteriormente mencionado se puede ver reflejado en las Pensiones del Bienestar, pues para el año que viene recibirán 6000 pesos bimestrales de este programa, lo que representa un incremento de 5 veces lo que era en 2018: 1160 pesos. Un tema que realmente reivindica las condiciones de Nuestra Vejez, pues todos deberían ser acreedores a un poco de solvencia cuando el físico ya no responde por el inevitable paso del tiempo.


