Por: Adrián Espinosa De Los Monteros
Una de las principales banderas del ex presidente López Obrador fue vivir en la justa medianía, postura que recientemente ha retomado la Presidenta Claudia Sheinbaum al ser cuestionada sobre los viajes que han realizado en el último tiempo legisladores de su partido a lugares como Europa o Estados Unidos.
Sin embargo, aquí surge una duda: ¿No está exagerando la oposición en levantar la mano para señalar dichas incongruencias, cuando más bien podrían estar exigiendo otro tipo de cuestiones? Por más que tengan la razón al evidenciar la disimilitud entre la teoría y la práctica de los actores políticos, este “debate” se ha rebajado demasiado en redes sociales, con comentarios que reflejan sesgos ideológicos:
“¡Qué curioso que los legisladores de Morena siempre vacacionan en Estados Unidos y en Europa!”
“¿Por qué no se van a Cuba, Venezuela o Corea del Norte”?
“Así son todos los izquierdistas: adoran las “dictaduras sangrientas”, pero prefieren los lujos del imperio”

Estos son solo tres ejemplos de este tipo de demandas, cuyos emisores dicen ser los menos manipulables mientras repiten frases hechas que promueven sus líderes de opinión favoritos.
En esta discusión caricaturizada, más que tener la razón, los usuarios pretenden confirmar sesgos ideológicos de asuntos de los que creen tener conocimiento, pero que realmente nunca han estudiado a profundidad ni han leído a los autores, muchas veces impulsados desde el anonimato de los bots, otras veces mostrando realmente su identidad.
Por otro lado, cuando López Obrador hablaba de austeridad republicana lo hacía en términos de política pública al referirse al gasto del gobierno (algo muy neoliberal, dicho sea de paso, porque el gobierno debería incrementar su gasto público, no reducirlo para evitar “derroches”) no en qué se gastan su dinero los diputados y senadores.
Sin embargo, es verdad que los legisladores de Morena han caído en incongruencias entre el decir y el actuar. Por eso, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha salido a ponerles un estate quieto para que recuerden uno de los preceptos originales del Movimiento de Regeneración Nacional: no puede haber gobierno rico con pueblo pobre.
En ese sentido, estos comentarios nacen de una crítica legítima (la incoherencia entre el discurso austero y los lujos), pero terminan desviándose hacia una burla ideológica simplista, que más que analizar, busca ridiculizar.
El objetivo ya no es exigir coherencia ética, sino reforzar una narrativa de “doble moral de la izquierda”.
Pero la realidad es más matizada: no todo político de izquierda admira regímenes autoritarios, y no todo viaje a Europa o Estados Unidos es sinónimo de lujo o hipocresía. No es lo mismo la izquierda latinoamericana soberanista que históricamente ha buscado emancipación y soberanía en cuanto a su producción económica y dejar de depender de las economías del centro; que la izquierda progresista estadounidense woke de corte identitaria que exige medidas redistributivas y reformistas; que la socialdemocracia nórdica que combina un estado fuerte, justicia fiscal, ingreso básico universal e intervención activa del gobierno en la economía.
Este tipo de comentarios perpetúan un cliché muy usado en la guerra cultural global: el de que la izquierda predica discreción y vive en la opulencia, mientras la derecha al menos “no se esconde”. Es una narrativa con cierto impacto emocional, pero también es deshonesta intelectualmente porque:
- Generaliza a todos los izquierdistas como “adoradores de dictaduras”.
- Ignora los matices dentro del pensamiento progresista.
- Aplica un estándar moral solo a un sector político.
El efecto de estas caricaturas
Este tipo de burlas no fortalecen el debate democrático, sino que lo degradan. Sirven más para reforzar trincheras ideológicas que para exigir rendición de cuentas real. En lugar de preguntarse si un legislador está haciendo uso responsable de recursos públicos o si su comportamiento contradice los principios de su partido, se cae en provocaciones ideológicas sin sustancia.
¿Y por qué no van a Cuba o Venezuela?
Esa pregunta está diseñada no para entender, sino para atacar. Se asume que si alguien simpatiza con ciertos valores de izquierda (como el acceso universal a la salud o la soberanía nacional), entonces debería apoyar incondicionalmente a gobiernos autoritarios como los de Venezuela o Corea del Norte, lo cual es una falsa equivalencia.
Uno puede criticar el modelo neoliberal o el imperialismo sin estar a favor de la censura, la represión política o la falta de elecciones libres. Pero las redes rara vez permiten ese tipo de matices.





