Por Adrián Espinosa de Los Monteros.
Por más que algunos consideren que es una teoría conspirativa afirmar que hay una articulación internacional de las derechas que se traducen en think tanks, fundaciones y centros de pensamiento, cada vez hay más evidencia de que tal afirmación está basada en hechos verificables.
Cuando se dice que la inercia que han dejado las gestiones de Donald Trump para la insurgencia de otras derechas en otras latitudes se apela a dichos espacios donde se dialoga por el porvenir liberal conservador en el mapa global.
En Latinoamérica, tras el giro a la izquierda a mediados de los 2010’s con Mujica (Uruguay), Correa (Ecuador), Kirchner (Argentina)una década y media después las derechas están produciendo un nuevo giro después de las gestiones izquierdistas de estos países, que suelen ser precedidos de administraciones que produjeron descontento en determinados sectores.
Lo más reciente es el caso de José Antonio Kast, nuevo presidente de Chile que acaba de vencer en las elecciones a la candidata Jeanette Jara y tras una decepcionante administración del progresista Boric.
Kast, fundador del Partido Repúblicano del país austral, es hijo de un ex militante nazi y ha reivindicado abiertamente la dictadura de Augusto Pinochet, afirmando sin pudor que “si estuviera vivo, votaría por mi”.

Por otro lado, la tercera fue la vencida pues ya se había lanzado en dos ocasiones anteriores, perdiendo la última vez justamente contra Gabriel Boric. Al mero estilo trumpista, el presidente electo ha llamado a endurecer las medidas de la migración y ha amenazado con sacar a los inmigrantes ilegales. Es un político parecido a Bukele, con la misma retórica de la mano dura, junto a la apelación de conservar los valores tradicionales.
Ante la tendencia conservadora de la región, pero sobre todo ante la amenaza imperialista como si se tratase de una reedición de la Doctrina Monroe, las izquierdas deberían reagruparse para formar un frente de unidad que hagan replegar en un futuro no muy lejano las mal llamadas ideas de la libertad en el Cono Sur y en el Norte.
Lo que aquí está en juego es el territorio y la soberanía de los pueblos de Sudamérica, con la complacencia de los actores locales y la oligarquía mediática internacional que, hay que decirlo, también juegan un rol fundamental para atestar estos golpes blandos en la población. La maquinaria para hacer retroceder los derechos sociales está a toda marcha en nuestra América.
Las imágenes no mienten: lanchas de pescadores en las costas de Venezuela y Colombia siendo atacadas sin debido proceso, violando el derecho internacional, por la pura sospecha y con el único objetivo de expandir su dominio territorial por los recursos. Ojo con el Triángulo del Litio en Chile y Argentina, por cierto.
Kast, aunque se presente como un impulsor de la eficiencia económica, en realidad propone un modelo extractivista al servicio de las elites y las oligarquías trasnacionales, por algo lo primero que hizo fue ir a visitar al Presidente Milei en la Casa Rosada.
Que no se equivoque quien piensa que por desregular la economía van a venir mejores indicadores que desencadenan, como la teoría del goteo sugiere, mejores condiciones de vida de arriba a abajo, o mejores ingresos. Si bien en Argentina esta política logró bajar la inflación, también es una realidad que la gente no llega a fin de mes, que se desincentivó el consumo y que los precios están por los cielos.
Para determinar la gravedad del caso argentino: la política económica de “El Peluca” está provocando el cierre diario de 28 empresas, despidos masivos. 13,000 empresas cerraron en Buenos Aires. Desde que Milei asumió se cerraron 20,000 empresas.
En cuanto a Norteamérica, el giro a la derecha se ve aún lejano en México más allá de los delirios libertarios de RSP, sus tontos útiles y uno que otro legislador. Por suerte, la parafernalia de la “antipolítica” de los outsiders que se ha desarrollado en Chile y Argentina todavía no ha encontrado la semilla que germine un fenómeno político similar en nuestro país, pero eso también depende de los resultados de la gestión de la Presidenta Sheinbaum.
Ante este panorama, revertir la orientación libertaria también es trabajo de la izquierda latinoamericana, que se han quedado estancadas en modelos de burocratización clientelares o en proyectos socialdemócratas que se han quedado a mitad de camino, sobre todo en el terreno económico, para mejorar las condiciones de vida de la gente.
Se deben de proponer nuevas estructuras productivas que aseguren los derechos de la clase trabajadora al tiempo que se incentivan las economías nacionales, se refuerzan los lazos entre los países miembros de la región, se establecen relaciones con otras latitudes (Asia) y se fortalecen relaciones de igualdad y cooperación con Estados Unidos (caso México). Fuera tibiezas. Es cuanto.





