La flautista del PRIAN.

Por Alberto Tinajero.

Se escucha en el Estado de México una melodía, notas dulces a la vez que escabrosas, son las mismas notas que se han escuchado por 90 años y aunque permanecen sin cambio, aún hay uno que otro mexiquense que sigue bailando a su ritmo.

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El sonido proviene de la nueva flautista del condado, instruida por viejos dinosaurios, toca el mismo tono sin variable, sin ingenio y sin cambio. Suficiente para que algunos trasnochados dancen y alaben sus trucos, en un circo para entretener, cuando debiera ser una oportunidad para proponer.

De este modo, la flautista llama a sus huestes, con dialéctica diseñada para engañar, retórica hipócrita de los que tuvieron su oportunidad por más de 90 años y nuevamente se piensan dignos del pueblo mexiquense. Mientras tanto, tienden su carpa: rojos, azules, amarillos y otros más, para un circo por el que claman a gritos, pues es su oportunidad de rebuznar mentiras, calumniar y engañar a quien lo permita, convirtiendo un ejercicio democrático como lo es un debate en un espectáculo, entretenimiento vulgar para sus adeptos.

Por otro lado, lejos del privilegio que han construido los PRIANosaurios a expensas de los mexiquenses, el pueblo a dejado de oír esa melodía engañosa comenzado a creer que un verdadero cambio es posible, para ellos y los que vienen atrás de ellos; Se levantan por sus convicciones, ideales, por sus familias, amigos y por su estado.

Por último, está claro que no somos iguales, algunos imberbes consideran que un movimiento que tiene el apoyo de las mayorías es una secta, pues están acostumbrados a pertenecer a una que llena su boca y nubla su criterio a billetazos, para atacar incluso a los miembros de su propio partido, lo bueno que del Estado de México ya se van.

Mientras la flautista inmoral camina por el Estado de México, su melodía arrastra únicamente a los intolerantes, lo que ellos celebran pero no saben, es que al único lugar al que la siguen es al precipicio y su partido al destierro y el olvido.

Hasta la próxima semana y no escuchen esas nefastas melodías.

Alberto Tinajero
Columnista

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