Por Alberto Tinajero.
La constante lucha por la trascendencia personal en un sistema meritocrático pone a prueba nuestras capacidades, habilidades y virtudes; con el fin de alcanzar los pocos espacios que no conforme con lo anterior, debemos tomar a codazos en todo aspecto de la vida.
En este contexto, idealizamos la figura del líder cuyos rasgos psicológicos son dignos de admiración y de confianza para otros que los acompañan, ya que bajo su perspectiva estos serán los que tengan las mayores posibilidades de alcanzar el éxito en la lucha por el tan preciado, pero caprichoso poder.
En estos últimos días hemos sido testigos de movilizaciones y convocatorias a movilizaciones originadas por causas legítimas, pero abanderadas por autoproclamados líderes que en el fondo parece que pierden de vista el objetivo de las mismas, con base en lo anterior, cuestiono si esos “liderazgos” realmente son conscientes de la responsabilidad que tienen con todos las personas que confían en su visión.

Es un triunfo que en un país profundamente apático como lo es el nuestro, el pueblo se organice, levante su voy y participe por sus familias, por su país, por sus derechos. Sin embargo, lo que vale la pena preguntarnos, es si las causas que tienes algunos líderes detrás de sus planteamientos, le dan más poder al pueblo o se lo quitan en silencio.
Con lo anterior, no pretendo calificar o descalificar las movilizaciones, lo que sí considero de importancia, es el análisis de las motivaciones por las que algunos buscan influir en la sociedad para impulsar sus agendas y les resulta sencillo abanderar causas en las cuales realmente no creen, porque no las comprenden o simplemente porque ellos no tienen ninguna causa legitima por la que quieran luchar.
El poder es la capacidad de hacer, algunos incluso comentan que es un arte, lo que es cierto es que en nuestro país hay una lucha entre dos vertientes ideológicas por conseguirlo, que ya no pueden calificarse como de izquierda o derecha, sino entre privilegio y desventaja. Mientras tanto, hoy más que nunca el criterio juega un papel fundamental para el análisis de los distintos contextos, no permitamos que nuestro derecho a manifestar nuestras inconformidades libremente sea utilizado para que aquellos que tienen la ventaja, tuvieron el privilegio o quieren el poder, nos utilicen como peones en su retorcido juego donde ellos ganan a consta de todos nosotros.
La humildad en nuestros líderes hoy es requisito fundamental, sea cual fuere la figura que consideramos de nuestra confianza pero aún así no merece una lealtad ciega. Lo único a lo que debemos mantenernos leales es a nuestras convicciones, porque podremos caminar en conjunto pero siempre teniendo en cuenta los motivos de nuestra lucha, jamás será para impulsar la agenda de algunos que buscan que sean nuestras, no somos peones en un juego entre poderosos pero aunque así algunos lo consideren, que no olviden que en ajedrez hasta el peón puede convierte en rey y que el pueblo está atento a todo lo que acontece.


