Claudia Sheinbaum y el impulso a la ciencia en México.

Por Alfredo Inzunza.

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A muy pocos días de que finalice el actual sexenio de Andrés Manuel López Obrador, las expectativas dentro de la comunidad científica sobre el futuro del país en ciencia y tecnología están en aumento. Se vislumbra la posibilidad de un mayor consenso y diálogo, algo que ha sido limitado durante el actual gobierno, lo que podría generar un entorno más favorable para el desarrollo de estos sectores clave.

Se puede destacar que Claudia Sheinbaum será la primera presidenta con una trayectoria en el ámbito científico. Tras haberse formado en física y completar su maestría y doctorado en ingeniería ambiental en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en 1995 se incorporó como investigadora al Instituto de Ingeniería de la misma universidad, donde se dedicó a la creación de inventarios de gases de efecto invernadero y al estudio de políticas energéticas.

En un país que nunca ha alcanzado el 0.5% del PIB destinado a ciencia y tecnología, y donde hay solo 1.25 investigadores por cada 1,000 habitantes, una cifra considerablemente baja comparada con el promedio de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), la llegada de una mujer con formación científica a la presidencia genera esperanza y posibles avances para el sector científico.

El promedio de los países de la OCDE es de 9.11 investigadores por cada 1,000 personas empleadas. Los líderes en esta categoría son Corea del Sur, Finlandia y Noruega, superando los 16 investigadores por cada 1,000 empleados.

El caso de Corea del Sur es algo interesante, ya que, hace 30 años, ese país contaba con solo 5 científicos por cada 1,000 trabajadores. Para 1995, Corea ya tenía 7.5 veces más investigadores, como porcentaje del empleo total, que México. Hoy, esa cifra ha crecido a 13.4 veces más, lo que significa que la diferencia entre ambos países casi se ha duplicado. A partir del inicio del año 2000, Corea se ha tomado muy en serio este desafío, convirtiéndose en uno de los mayores exportadores de productos de alta tecnología. Otro ejemplo interesante es España, un país más cercano a nuestra realidad, que también ha realizado grandes esfuerzos para incrementar su número de investigadores. Actualmente, España cuenta con 7.44 investigadores por cada 1,000 personas empleadas.

En 1990, Corea del Sur era aún un país comparable a México, con un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita equivalente al 85% del mexicano. Para 2020, Corea del Sur ya había multiplicado su PIB per cápita, alcanzando un nivel 2.3 veces mayor que el de México. En 30 años, Corea del Sur dejó de ser un país subdesarrollado para convertirse en una de las economías más dinámicas del mundo. Los coreanos lograron este avance en poco más de una generación, enfocándose en el desarrollo tecnológico, una economía basada en las exportaciones y el impulso a la ciencia, mientras que México desperdiciaba sus recursos naturales y no valoraba adecuadamente a sus científicos como un recurso estratégico. Como resultado, el PIB per cápita de Corea del Sur creció un 235% en ese periodo, mientras que en México apenas aumentó un 19%. Corea del Sur avanzó rápidamente, dejando a México rezagado en el camino.

El pasado jueves 20 de junio, durante la presentación de la primera parte del gabinete de Sheinbaum, la próxima presidenta de México presentó a quien será la titular de la nueva secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Rosaura Ruíz Gutiérrez, quien es una destacada bióloga, catedrática, investigadora y académica mexicana.

Rosaura Ruíz cuenta con un doctorado en ciencias y se especializa en el estudio de las teorías evolutivas, abarcando tanto su dimensión científica como histórica y filosófica. A lo largo de su carrera, ha publicado numerosos artículos en revistas nacionales e internacionales, contribuyendo de manera significativa a la investigación y difusión de temas relacionados con la evolución y la ciencia en general.

Además, se desempeñó como directora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), presidenta de la Academia Mexicana de Ciencias y encargada de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México. Además, es parte del comité de expertos de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) y del Sistema Nacional de Investigadores de México.

El actual Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt) sería elevado al rango de secretaría de Estado, lo que implicaría un fortalecimiento institucional y una mayor relevancia en la agenda nacional. Esta medida podría permitir una gestión más eficiente y un impulso significativo a las políticas científicas y tecnológicas del país.

Claudia Sheinbaum comentó que uno de sus principales compromisos es convertir a México en una potencia mundial en ciencia, destacando la importancia de fortalecer la investigación y el desarrollo tecnológico como pilares para el progreso y la competitividad del país a nivel global.

Actualmente, México destina aproximadamente el 0.3% de su PIB a investigación y desarrollo, según datos de la OCDE. El mayor nivel de inversión en este ámbito se registró en 2010, cuando casi alcanzó el 0.5% (0.495%). Sin embargo, desde entonces ha disminuido de manera constante, hasta llegar al porcentaje actual.

La importancia de que el gobierno invierta en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI), radica en varios aspectos clave para el desarrollo de un país.

1. Impulso al desarrollo económico: La investigación y la innovación generan nuevas tecnologías, productos y procesos que pueden mejorar la productividad y competitividad de las empresas nacionales, fomentando un crecimiento económico sostenible a largo plazo.

2. Generación de conocimiento: La inversión en ciencia contribuye al avance del conocimiento en diversas áreas, lo que no solo beneficia a la academia, sino también a sectores como la salud, la industria, y la agricultura.

3. Mejora de la calidad de vida: La innovación científica y tecnológica permite el desarrollo de soluciones a problemas sociales, como mejorar el acceso a servicios de salud, educación de calidad, y tecnologías que promuevan el bienestar de la población.

4. Soberanía tecnológica: Fortalecer las capacidades nacionales en CTI reduce la dependencia del país respecto a tecnologías extranjeras, lo que favorece la autosuficiencia en sectores estratégicos como la energía, el medio ambiente o la defensa.

5. Desarrollo de capital humano: Al invertir en CTI, el gobierno fomenta la formación de científicos, ingenieros y profesionales altamente capacitados, lo que no solo mejora la capacidad de innovación del país, sino también las oportunidades laborales de la población.

6. Afrontar desafíos globales: Problemas como el cambio climático, las pandemias y la escasez de recursos requieren soluciones innovadoras. La inversión gubernamental en CTI es clave para generar las investigaciones necesarias que ayuden a resolver estos retos.

El presupuesto destinado a Ciencia, Tecnología e Innovación, en relación con el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2024, alcanzó su punto más bajo al concluir este sexenio, constituyendo el 1.2% del total del PEF.

En lo que respecta al gasto en investigación científica y desarrollo experimental, ajustado a términos reales, este sexenio culmina con el nivel más bajo de los últimos 20 años. Esto tiene un impacto en los proyectos de investigación financiados por Conahcyt, que han alcanzado su nivel más bajo en las últimas 2 décadas, ya que en 2017 se financiaron 2,680 proyectos y en 2023 únicamente se financiaron 594 proyectos de investigación.

La auténtica tendencia del gobierno en el financiamiento para Ciencia, Tecnología e Innovación se refleja en el presupuesto de Conahcyt como proporción del PEF, que disminuyó un 9.8% en términos reales. Durante 2016 el financiamiento para CTI fue poco más del 0.7% del PEF, en 2017 fue el 0.5% del PEF, mientras que de 2019 a 2022 fue aproximadamente del 0.4% del PEF de manera constante, Para 2024, se alcanza el nivel más bajo en décadas, representando únicamente el 0.37% del PEF.

Espero que durante el próximo sexenio se incremente significativamente la inversión en ciencia, tecnología e innovación, ya que esto es clave para que México avance y se desarrolle en estos campos tan cruciales. Confío en que Rosaura Ruíz, quien asumirá el cargo de secretaria de ciencia, tecnología e innovación, desempeñará un papel destacado y trabajará por el bienestar y progreso del país.

Alfredo Inzunza
Columnista
Es licenciado en Administración Financiera por la Universidad TecMilenio y maestrante en Gestión y Política Pública en la Universidad Autónoma de Occidente, ha colaborado como consultor financiero en M1 Consultores, actualmente es profesor en la Universidad Autónoma de Occidente y analista financiero en una empresa del sector agrícola. Escribe para compartir análisis claros y críticos sobre finanzas, geopolítica, política pública y su impacto en la realidad económica.

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