Primero eres tú. Hablemos del amor propio.

Por Anna Urquídez

En el mes de San Valentín, un mes donde se piensa que es únicamente dirigido para aquellas personas que tienen pareja, que están en una relación, es necesario redefinir el concepto de amor.

Canal de whatsapp Politikmnte

Una de las mayores obsesiones de la humanidad es encontrar el amor, la media naranja perfecta que nos cuidará hasta que la muerte les separe.

Además, no podemos olvidar que nuestra salud mental tiene un impacto directo en nuestras relaciones y en nuestro entorno.

Pero nadie nos enseña a querernos (aunque sí hay quien lo haga, pero son pocos y hay que tener suerte para encontrarlos).

Y es que, si hablamos de nuestra vida estudiantil, jamás hemos tenido alguna materia que nos hable acerca de “Cómo aprender a conocerte, aceptarte y cuidarte antes que todas las cosas”.

Es vital trabajar en nuestra autoestima y, para eso, es importante conocer de qué estamos hablando. ¿Qué es amor propio y qué no lo es?

¿Cómo podemos saber si nos queremos a nosotros mismos, si creemos que no?

Hay una serie de indicadores que nos facilitan el camino, quererse a uno mismo cuesta (demasiado).

Yo he tardado cerca de 13 años en comenzar a entenderme, aceptarme y quererme (años en terapia) y sigo aún en ese trabajo constante, porque es real que de vez en cuando hay también una confrontación interna con esa parte mía que es la del autoboicot. Una tendencia a la que muchos no son ajenos: eso de buscar tendenciosamente meter las narices en donde nadie se lo pide. 

Si nos conociéramos, tendríamos la oportunidad de prevenir dramas innecesarios y de recurrir al papel de víctima al que nos gusta ir porque es cómodo echarnos a llorar antes que ponernos a pensar en nuestra responsabilidad sobre nuestros actos. Somos los únicos responsables de nuestras propias vidas. No podemos esperar gustarles a todos; no somos responsables de lo que los demás puedan pensar de nosotros –porque no tenemos control sobre sus pensamientos ni decisiones– y tampoco podemos cambiar al otro: solo a nosotros mismos. Por eso decía que era un camino complicado: no siempre nos gusta admitir nuestros errores, y menos aprender de ellos, que vienen como pequeñas lecciones de vida. Quererse es hacerse responsable de uno mismo. Quererse es saber dónde estoy cómodo conmigo mismo y dónde no. Quererse es ponerse límites sanos, y no es sano aferrarse a relaciones donde solo somos felices momentáneamente y el resto del tiempo sufrimos o la pasamos mal.

Quererse es cuidarse no solo físicamente –que es en donde la mayoría de la preocupación está enfocada–, sino también por dentro. ¿Cómo se hace eso? Haciéndote cargo de ti con pequeños rituales de amor: nútrete bien, date descanso suficiente, rodéate de los que te hacen sentir bien, sigue a quienes admiras y te inspiran –no a los que te hagan compararte–, repítete todos los días lo valioso que eres y lo más importante: comienza a creerlo.

Anna Urquídez
Columnista

CONTENIDOS

LO QUE SIGUE
ÚNETE A NUESTRA CONVERSACIÓN

Suscríbete para recibir contenido exclusivo y no perderte ninguna actualización de nuestros columnistas.