Por Armando González
La salida de Marx Arriaga de la Secretaría de Educación Pública no es un simple relevo administrativo. Es un mensaje político.
Y quienes creemos en la transformación tenemos la obligación de señalarlo: remover a uno de los principales impulsores de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) debilita un proyecto que buscó romper con la lógica tecnocrática y mercantil que dominó la educación durante el periodo neoliberal.
La Nueva Escuela Mexicana no fue una ocurrencia burocrática. Planteó colocar al centro a la comunidad, la conciencia histórica, el pensamiento crítico y la formación humanista. Apostó por educar ciudadanos libres y no solo “capital humano”. Defender el proyecto de Arriaga es defender una visión de país donde la educación pública es herramienta de justicia social, no engranaje del mercado.
Por eso preocupa el rumbo que hoy parece tomar la SEP bajo la conducción de Mario Delgado. La convocatoria a empresas privadas para integrar grupos de trabajo con autoridades educativas abre la puerta a la comercialización de la educación pública.
Sentar a corporaciones en la mesa donde se define el modelo pedagógico nacional es una lógica profundamente neoliberal y contraria al espíritu original de la NEM y al proyecto que encabezó Andrés Manuel López Obrador. La educación no es un nicho de negocio; es un derecho.
Los antecedentes políticos tampoco pueden ignorarse. Cuando Delgado fue presidente nacional de Morena, su llegada estuvo marcada por la controversia. El Instituto Nacional Electoral organizó una encuesta para definir la dirigencia, pese a que los estatutos del partido señalaban que esta debía decidirse en el Congreso Nacional. Y esnecesario decirlo con claridad: el ganador de aquella encuesta fue Porfirio Muñoz Ledo.
Sin embargo, el proceso terminó resolviéndose de forma distinta a lo que muchos militantes consideraron la voluntad expresada.
Durante esa dirigencia también vimos cómo numerosas candidaturas se definieron por designación directa, el viejo “dedazo” que tanto criticamos. Prácticamente todos los representantes populares buscaron la reelección, pese a que el propio López Obrador cuestionó públicamente esa figura al considerarla herencia del neoliberalismo. Nuestros estatutos establecen que las candidaturas deben otorgarse por encuestas de reconocimiento o una insaculación en asambleas internas; cuando esas reglas se ignoran, se erosiona la autoridad moral del movimiento.
No es menor recordar que Mario Delgado es egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), institución asociada con la formación de cuadros tecnocráticos del viejo régimen y cuya visión economicista fue criticada en múltiples ocasiones por López Obrador. Las trayectorias importan porque revelan convicciones: la política educativa no es neutra, responde a una concepción de Estado y de sociedad.
Tampoco puede omitirse que Mario Delgado fue secretario de Finanzas del entonces Distrito Federal durante la administración de Marcelo Ebrard, periodo en el que se construyó la Línea 12 del Metro, obra que posteriormente evidenció graves fallas estructurales y cuyo colapso provocó la pérdida de vidas humanas. Además, fue señalado por su papel en la aprobación financiera y por haber diseñado el modelo de Proyecto de Prestación de Servicios, ambos asociados a sobrecostos millonarios que comprometieron recursos públicos a largo plazo.
La izquierda no puede temerle al debate ni a la libertad de expresión. Remover a un funcionario por sostener con firmeza un proyecto pedagógico transformador envía una señal preocupante. Si la transformación empieza a moderarse para acomodarse a intereses empresariales o decisiones cupulares, corremos el riesgo de vaciarla de contenido.
Defender a Marx Arriaga y la Nueva Escuela Mexicana no es un asunto personal; es una definición política. O profundizamos el cambio y protegemos la educación pública como derecho social, o permitimos que regrese, maquillada, la lógica que prometimos superar. La educación no se negocia. Y la transformación, si es auténtica, tampoco.
Usted amable lector tiene la mejor opinión y puede compartírmela por mis redes sociales donde me encuentro como Armando González Romero, nos leemos en la próxima.


