PRI 97 años de la patria hecha partido político.

ENRIQUE CORRALES

Por Enrique Corrales.

  • Este 4 de marzo, el calendario cívico de México nos convoca a reflexionar sobre la organización política que no solo fundó un sistema, sino que diseñó la fisonomía de la nación moderna.

Hace 97 años, el nacimiento del Partido Revolucionario Institucional (PRI) marcó el fin de la barbarie y el inicio de la civilidad. En un país fragmentado por el caudillismo y las heridas de la Revolución, el PRI emergió como la síntesis dialéctica necesaria para transitar de las balas a los votos, convirtiéndose en el arquitecto de una paz social que hoy, a casi un siglo de distancia, sigue siendo el cimiento de nuestra convivencia.

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Desde la rigurosidad de la ciencia política, el PRI es estudiado bajo la lente de Samuel Huntington como el motor de institucionalización más eficaz del siglo XX. El partido logró lo que ninguna otra fuerza en el continente: dotar al Estado de una estabilidad orgánica que permitió la sucesión pacífica del poder durante décadas. A diferencia de las dictaduras militares que asolaron a América Latina, México construyó, a través del PRI, un modelo que Giovanni Sartori definió como el “partido hegemónico pragmático”. Este sistema no solo evitó el colapso social, sino que integró a sectores antagónicos —obreros, campesinos y empresarios— en un proyecto nacional pluri-clasista que priorizó la construcción de instituciones sobre la voluntad de los hombres.

El legado del PRI no se cuenta en discursos, sino en realidades materiales. Somos historia hecha con hechos. Cuando el partido nació, la esperanza de vida en México era de apenas 36 años; hoy, gracias a la red hospitalaria y la seguridad social que el PRI edificó, esa cifra se ha duplicado. Instituciones como el IMSS, la SEP y el Banco de México son los pilares de un país que pasó de ser una nación agraria y analfabeta a ser una de las economías más importantes del mundo. El PRI es el camino que pavimentó el progreso, el esfuerzo de generaciones que transformaron el nacionalismo revolucionario en bienestar tangible para millones.

Nuestra identidad no es casualidad; es destino. El PRI lleva en su esencia el águila en el centro de la bandera nacional, porque los colores de nuestro partido son, por derecho histórico y voluntad popular, los colores de la patria. No somos una organización coyuntural; somos el pueblo de México hecho partido. Somos el orgullo de un pasado que construyó las escuelas de nuestros hijos y la pasión de un presente que se niega a ver destruido el patrimonio institucional de la nación. Somos millones de voces que, en cada rincón del territorio, desde el sur profundo hasta la frontera norte, mantenemos viva la llama de la justicia social.

Hoy celebramos 97 años de ser la fuerza que dio orden al caos.

El PRI es el partido que supo ser vanguardia y que hoy se mantiene como el último bastión de la racionalidad política frente al voluntarismo estéril. Nuestra historia es la historia de México; nuestras derrotas han sido lecciones de humildad y nuestros triunfos han sido victorias para la democracia. Ante los desafíos del siglo XXI, nos presentamos con la frente en alto, con la autoridad que da el haber levantado este país desde sus cenizas.

¡Que se escuche fuerte y claro! Somos orgullo, somos pasión, somos el esfuerzo que no descansa. En este aniversario, reafirmamos que el PRI es y seguirá siendo el guardián de las instituciones y el motor de la esperanza nacional.

¡Viva el PRI!

¡Viva el partido de las instituciones!

¡Viva México!

Enrique Corrales
Columnista
Es politólogo con especialidad en comunicación política, formado en la Universidad Autónoma de Sinaloa y la Universidad Complutense de Madrid, se ha desempeñado como asesor parlamentario en el Congreso de Sinaloa, ha sido Funcionario Público Federal y Secretario General de la Fundación Colosio, actualmente es Secretario de Comunicación Institucional del PRI Culiacán

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