Por Ericka Cerdas.
En la tragicomedia política que es el México contemporáneo, donde las promesas de cambio se diluyen en alianzas convenientes y las sorpresas son tan predecibles como los resultados de una telenovela, hemos llegado al clímax esperado: la sobrerrepresentación en el Poder Legislativo, los virajes ideológicos de último minuto, y la promoción de personajes que, por decirlo sutilmente, se han ganado su lugar más por escándalos que por méritos. Mientras el guion sigue avanzando, nosotros, los espectadores, solo podemos preguntarnos si al final quedará algo por salvar.
Obvio que iba haber sobrerrepresentación
Desde hace meses, el guion estaba escrito: la sobrerrepresentación en el Poder Legislativo era una conclusión inevitable. La Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con su tradicional mayoría de votos, aprobó que el INE asignara los cargos por representación proporcional según lo dicta la Constitución, dándole a la Coalición Sigamos Haciendo Historia su tan ansiada mayoría calificada.
Los que seguimos las noticias mexicanas como si fueran episodios de una serie de Netflix sabíamos que esta sería la resolución del TEPJF. No había margen para la sorpresa. Lorenzo Córdova, el expresidente del INE, lo había adelantado en cada uno de sus análisis. Pero, en un país donde Morena tiene las riendas de todo, la trama no podía tener otro desenlace. Las reformas a la Constitución mexicana ya son un hecho consumado; ahora, solo queda esperar a ver si podremos recoger los pedazos del país que nos vaquedar.
Una venta al mejor postor
Cuando se empezaba a rumorear que Morena estaba a solo dos escaños de alcanzar la mayoría calificada, el presidente del difunto PRD (q.d.D.g) lanzó un tweet asegurando que sus perredistas jamás serían serviles a Morena. Sí yo fuera Jesús Zambrano, empezaría por borrar su cuenta de “X” y después, perderse de la vida política.

A los senadores José Sabino Herrera y Araceli Saucedo, les tomó menos tiempo abandonar sus discursos anti-Morena que una sesión de fotos en campaña. Tras meses de pre-precampaña, precampaña y campaña, durante los cuales culparon al partido de López Obrador de todo lo que está mal en México, ahora ven en Morena el futuro, la modernidad, y la evolución. ¡Vaya giro de los acontecimientos! ¿No era Morena el enemigo jurado que prometieron destruir?
En una entrevista con Azucena Uresti, la senadora Araceli declaró que su decisión no fue personal, sino que se tomó con el respaldo de la militancia del PRD. ¡Claro, cómo no! Sería interesante saber cómo se llegó a esa “decisión” y cuántos realmente la apoyaron. Lo mismo debe estar ocurriendo en Tabasco. Cuando le preguntaron sobre lo que recibió a cambio de su adhesión, Araceli respondió que le ofrecieron “avanzar con Michoacán, que le vaya bien al país, y seguir trabajando con las mismas causas”… ¡Nada como tener convicciones moldeables y frágiles!
¡Sueña, el cielo es el límite! Sí Noroña pudo, no hay nada imposible
El hoy senador Fernández Noroña, siempre ha sido altamente conocido. ¡Pero nunca, por las mejores razones! Sus protestas, su actitud irreverente y su estilo disruptivo han sido su marca registrada, convirtiéndolo en una figura más caricaturesca que política. ¿Soy el única que recuerda la vez que decidió orinar en la calle porque pagar $7 pesos por usar el baño le parecieron un abuso?
Con 36 años de carrera política, Noroña ha sido cercano del presidente López Obrador. Pero no se dejen engañar por esa cercanía; cuando las cosas no salen a su gusto, el sociólogo se convierte en el primero en levantar la voz. Así fue durante el proceso interno de Morena para elegir al coordinador, cuando se quejó de que el piso no era parejo y que no recibía el apoyo económico que esperaba. Después, el 2 de junio, no dudó en señalar que la Dra. Sheinbaum no había cumplido con los acuerdos para repartir puestos entre los perdedores.
La reciente designación de Noroña tiene un propósito claro. Y no, no es dirigir con éxito las sesiones del Senado; más bien, se trata de mantenerlo ocupado y, con suerte, en silencio. Aunque, hay que reconocer a Morena por su consistencia: siempre sabe cómo premiar a aquellos que le han sido “más o menos leales”.
Así que aquí estamos, observando cómo los engranajes de la política mexicana siguen girando en su ya acostumbrada dirección. Los principios se subastan, las lealtades cambian de un día para otro, y las promesas se desvanecen como humo. Mientras tanto, el país sigue adelante, navegando en un mar de incertidumbre donde lo imposible parece ser la única constante. ¿Qué nos queda? Solo esperar el próximo capítulo de esta tragicomedia, donde la realidad supera cualquier ficción.


