La batalla entre dos mundos.

Ericka cerdas

Por Ericka Cerdas

Hay discusiones que se ven venir desde lejos y otras que simplemente nos despiertan un día y ya son parte del día a día la pelea entre tecnócratas y populistas pertenece a esta segunda categoría. No explota, no truena, no aparece en los informes oficiales, pero está ahí, definiendo la manera en que México y buena parte del mundo entienden la democracia en este inicio de siglo.

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Cas Mudde, uno de los estudiosos más citados del populismo, dice que este surge cuando las élites empiezan a hablar un idioma que la ciudadanía ya no reconoce. Y la tecnocracia, hay que admitirlo, lleva años hablando en idioma Excel, una mezcla de gráficas, modelos y proyecciones que suena impecable en las reuniones, pero se siente lejana en la vida real. Dani Rodrik lo ha dicho más elegante: cuando la gente percibe que los expertos ya no entienden el país de a pie, la confianza se erosiona.

Mientras tanto, el populismo ofrece algo más simple; cercanía, relato y un supuesto “pueblo” que se reconoce entre sí. Ernesto Laclau explicaba que su fuerza está en construir identidad, no en resolver ecuaciones. Y México ha vivido ese fenómeno con claridad. Durante el sexenio de López Obrador, el país se movió con una narrativa fuerte, emocional, directa. Hoy, con Claudia Sheinbaum, esa energía cambia de forma, pero no desaparece. Hay más datos, más planeación, más técnica, pero la narrativa de transformación sigue funcionando como eje.

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El problema es que tecnocracia y populismo parecen dos extremos que no saben convivir. La tecnocracia pura se vuelve fría. La gente escucha cifras, pero ve que su vida no mejora al ritmo que prometen los modelos. Y el populismo puro es cálido, sí, pero también inestable: administra emociones, no políticas públicas. Levitsky y Ziblatt han advertido que las democracias se desgastan cuando la burocracia profesional deja de ser un contrapeso y se convierte en un acompañante del proyecto político del momento.

La administración pública mexicana vive todos los días en ese punto de tensión. Los funcionarios tienen que armar diagnósticos rigurosos, pero también sobrevivir a decisiones que se toman más rápido desde la política que desde la evidencia. Y así, el país avanza entre informes técnicos que pocos leen y conferencias mañaneras que todos escuchan.

México no es la excepción; es parte de una tendencia global. En Estados Unidos, Europa, América Latina y buena parte del sur global, las sociedades se han cansado de los expertos que parecen hablar desde otra galaxia y, al mismo tiempo, se han asustado con los liderazgos que ofrecen soluciones instantáneas. El mundo está buscando un punto medio que nadie ha logrado definir bien.

Lo cierto es que elegir entre tecnócratas y populistas es una falsa disyuntiva. Son dos piezas que deberían complementarse y no eliminarse. La tecnocracia aporta rigor, pero necesita calle. El populismo aporta energía social, pero necesita límites. Un Estado moderno no puede depender solo de cálculos, pero tampoco puede gobernar en modo permanente de aplauso fácil.

Quizá el desafío más grande para México, en este nuevo ciclo político, sea encontrar ese equilibrio. No se trata de volver al tecnócrata que presume indicadores que a nadie le dicen nada. Tampoco se trata de gobernar solo desde la emoción colectiva. Se trata de construir un estilo de gobierno capaz de escuchar a la gente sin dejar de planear, capaz de usar la evidencia sin volverse arrogante y capaz de emocionarnos sin manipularnos.

Al final, la política pública no es una guerra entre los que saben y los que sienten. Es la responsabilidad de tomar decisiones que funcionen para personas de carne y hueso. Y eso solo se logra cuando los datos sirven para mejorar la vida de la gente, no para justificar un discurso.

Ese es el verdadero desafío de este siglo: que la política vuelva a ser un puente entre la evidencia y la dignidad, no un campo de batalla entre el Excel y la plaza pública.

Ericka Cerdas
Columnista
Ericka Cerdas es Internacionalista con especialidad en Sinología por Nankai University China y Maestra en Gestión Pública Aplicada por el Tecnológico de Monterrey. Analiza tendencias globales y su impacto en América Latina. Sus columnas exploran políticas públicas, modelos de gobernanza y la agenda global desde una perspectiva crítica y estratégica.

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