Por Francisco Ponce de León.
Después de ausentarme unas semanas por cuestiones de carga de trabajo e inicio de semestre, regreso uno de los temas que causó muchísimo impacto mediático la semana pasada; hablo de la controversia que se suscitó en Querétaro durante la celebración del aniversario 106 de la promulgación de la Constitución de 1917, un acto solemne que dio mucho que comentar.
Ante la llegada del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, Andrés Manuel López Obrador, al recinto en donde se llevaba a cabo la conmemoración, se dio a notar como el acomodo de los titulares de los diversos Poderes de la Unión tuvo su sello particular. En el centro, Andrés Manuel, acompañado del Secretario de Gobierno y el Gobernador Constitucional de Querétaro, haciendo referencia a los alfiles en el ajedrez; en el siguiente orden se situaban los Secretarios de la Marina y de la Defensa Nacional, que personalmente los identifico como las torres como piezas fundamentales del ajedrez; en una ultimo término, se encontraba la ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en compañía del Presidente de la Cámara de Diputados.
En política no hay coincidencias, como lo he mencionado en reiteradas ocasiones, los mensajes se dan a través de un saludo, una fotografía, una atención en la oficina, respuesta ante una llamada telefónica, una entrevista y, como fue en esta ocasión, el acomodo de un evento sumamente importante.

Días después se hizo mención al supuesto “desaire” y “desobediencia” por parte de la Ministra Presidenta hacia el Presidente de la República por no haberse levantado ante su presencia; considero que la polémica reciente es un recordatorio de la importancia de la independencia y separación de poderes en una democracia sólida. Un simple gesto representa un acto trascendental en los términos antes mencionados, como llegué a leer de Montesquieu, “El poder del juez es el poder de la ley, no el poder del hombre”. Dicha idea subyace en la importancia de garantizar efectivamente la independencia del poder judicial y la separación de los poderes en una sociedad democrática como lo es la mexicana.
La independencia judicial es esencial para garantizar la imparcialidad y justicia en los procesos legales. La supuesta reforma controversial que plantea Andrés Manuel para acabar con la corrupción de los jueces, supone la idea de afrentar directamente la independencia del poder judicial, buscando doblegar a los actores y procedimientos del poder judicial. Grabarse esto en la memoria: sin un poder judicial independiente, los derechos y libertades de nosotros como ciudadanos están en peligro.
Además, la separación de poderes es fundamental para prevenir la concentración excesiva de poder en un solo sector del gobierno. Como se ha mencionado, el sexenio de Andrés Manuel se ha caracterizado por acciones que buscan dar a conocer la preponderancia del poder ejecutivo sobre los otros dos; la supeditación, principalmente del poder legislativo, ha tenido impactos en las discusiones que se dan en el pleno y en el sentido de las votaciones el ambas cámaras. Se siguen con las prácticas del viejo régimen al aplicar el “fast-track” o los cabilderos del gobierno con las empresas trasnacionales en busca de beneficios mutuos.
En resumen, la polémica suscitada es un claro recordatorio de la importancia de la independencia y la separación de poderes en una sociedad democrática. Como ciudadanos, es nuestra responsabilidad exigir que se respete la justicia y se protejan los derechos de todos, utilizar los mecanismos que nos ofrece la democracia para hacer rendir cuentas a nuestros gobernantes, exigir, conforme a la ley, los derechos y libertades que caracterizan una democracia consolidada.
PD. Feliz día del amor y la amistad, recordar que lo más valioso de la vida no es lo que tenemos, sino a quién tenemos.


