Por Francisco Ponce de León.
El pasado 20 de octubre se presentaron en Madrid dos expresidentes de México en el magno evento “Foro 20 años de FIL: Democracia y Libertad” ante la invitación del premio nobel Mario Vargas Llosa. En el panel organizado también estuvieron presentes el expresidente español Jose Aznar y el exjuez Sérgio Moro presentando sus puntos de vista de la situación democrática de sus países.
Centraré esta columna en las posturas adoptadas por los expresidentes de México que mayor relevancia y revuelo causaron en este inicio de semana. La excelsa participación de Ernesto Zedillo trató sobre un recorrido histórico del populismo de mediados hasta finales del siglo XX. Desde su punto de vista como economista, Zedillo hizo hincapié en la situación económica de los países latinoamericanos como una posible “década perdida” ya que el comportamiento económico de los países antes mencionados tendrá como resultado un crecimiento mediocre y que en la década de 2015-2025 se tendrán retrocesos importantes en temas de las brechas de desigualdad y pobreza.

En su análisis, el expresidente recalca la trascendencia que tienen las etapas de las políticas públicas en el devenir del accionar público. La pandemia resaltó la ineficacia en términos de gestión y operación de los gobiernos nacionales para brindar los servicios públicos (específicamente en términos de salubridad); de igual manera y en este mismo sentido, el expresidente reprochó el resurgimiento de las recetas (aptitudes políticas, ideologías y programas) que están estrechamente relacionadas a los resultados negativos del pasado de América Latina.
Por último, y que me llamó bastante la atención, es lo que básicamente nos dicen los libros de historia, el tipo de liderazgo destinado a gestionar de manera populista un Estado, está de vuelta en una nueva ola generalizada para los próximos años. Promesas de resolución inequívoca de problemas que aquejan los países, recetas para la abundancia económica y culpar siempre a los otros (pasado o extranjeros) sin aceptar un solo error. Aquí es donde hago la pregunta ¿Le suena a algún personaje de la política mexicana?
Por su parte, el expresidente Calderón centró su discurso en un test antidemocrático haciendo referencia al libro “Cómo mueren las democracias” de Levitsky y Ziblatt, para el México presente. Haciendo alusión a Andrés Manuel, Calderón hizo referencia a la apatía del actual presidente de México hacia las instituciones democráticas que dieron cabida a la alternancia política en México, a la creación del Instituto Federal Electoral, a la creación de un padrón nacional de ciudadanos y demás elementos primordiales en aquella reforma electoral de 1996.
Otro elemento indispensable dentro de una antidemocracia, de acuerdo con Calderón, es la tolerancia o fomenta la violencia generalizada en un país, recordando el bloqueo de varios grupos de presión durante 40 días en la vía ferroviaria más importante para el tratado libre de comercio en el pacífico, la violencia generada por los grupos delictivos en prácticamente todo el país, violencia por cierto perpetuada por la política en términos de seguridad que ya todos conocemos “abrazos no balazos”.

Para no hace el cuento largo, haré una fusión de las conclusiones de ambos expresidentes, la democracia que tenemos en México se encuentra en peligro y que, si no hacemos algo, haciendo referencia a nosotros como ciudadanos, el embate presidencial y sistemático a las instituciones y organismos que forman parte del sistema electoral tendrá un punto de no retorno. La erosión a las bases democráticas tendrá repercusiones políticas y sociales en las próximas elecciones volcando todos los esfuerzos a la posteridad. Ambos expresidentes coinciden en que la esperanza de nuestra democracia está en nuestras manos, en nuestra capacidad de organizarnos para las próximas elecciones buscando disminuir el abstencionismo electoral en los mínimos históricos, generando así una sorpresa al régimen actual. Por último, reconocer la elocuencia en la narrativa por parte de ambos personajes, que, si bien tuvieron sus descalabros y desaciertos en su gestión, lograron mantener un país en buenos términos, hablando política, electoral y económicamente. Tenemos una tarea titánica nosotros como ciudadanos, porque se habla mucho de la participación ciudadana en las aulas, en foros, en los libros, pero en donde se observa una desconexión total entre la población y los partidos políticos.


