El Maquío, una inspiración constante.

Por Luis Ángel Guatimea.

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Cuando asumí el cargo de secretario general del PAN en Sinaloa, decidí colocar un cuadro de Manuel “Maquío” Clouthier en mi oficina, justo arriba de mi librero. Lo hice con un propósito claro: recordarme todos los días los valores que deberían guiar mi trabajo. Su figura siempre ha sido, para mí, una inspiración y un símbolo de la valentía necesaria para superar los retos.

Manuel Clouthier no era un político convencional. Como empresario, decidió dar un paso al frente en un momento crítico de nuestra historia, cuando muchos preferían mantenerse al margen. Su candidatura presidencial en 1988 fue un acto de profunda valentía, que resonó con millones de mexicanos cansados de un sistema que no daba espacio a la democracia auténtica. Su historia me enseñó que la política no está reservada a los de carrera o para los de partido, sino para quienes tienen el coraje de querer cambiar las cosas.

Durante estos tres años al frente de la Secretaría General del PAN en Sinaloa, me dediqué a recorrer el estado, acompañando a la militancia y enfrentando los retos que surgían en el camino. Fueron años de lucha, donde enfrenté tanto adversidades internas como externas. Durante el proceso electoral tuve el privilegio de estar al lado de las y los candidatos del partido, personas valientes que dieron la batalla en sus comunidades con convicción y compromiso. Me enfoqué en hacer valer los estatutos y reglamentos del partido, porque creo firmemente que las reglas claras son fundamentales para actuar con congruencia y dar certeza a la militancia.

En los momentos más difíciles, cuando las dudas o las tensiones se hacían presentes, mirar el cuadro del Maquío me recordaba la importancia de mantenerme firme. Su vida y su lucha representaban una guía, un recordatorio de que la política no es solo táctica o cálculo; es, sobre todo, actuar con integridad y hacer lo correcto, incluso cuando el costo es alto.

El ejemplo del Maquío me ayudó a tomar decisiones complicadas. Tenerlo ahí, en mi oficina, no era solo un homenaje a su memoria; era un compromiso personal con los principios que él encarnaba: la honestidad, la justicia y el servicio. En cada reto que enfrenté, su presencia simbólica me dio fuerzas para mantener el rumbo y recordar por qué elegí este camino.

Al mirar atrás, entiendo que el legado del Maquío no se queda en el pasado. Su historia sigue viva como un recordatorio de lo que significa servir desde la política. Él nos enseñó que la verdadera fortaleza no está en buscar atajos o soluciones fáciles, sino en enfrentar las adversidades con firmeza y principios claros.

En los días más oscuros, cuando parecía que las circunstancias me superaban, su ejemplo fue un faro para luchar por mis ideales.

Aunque esta etapa en mi vida esté por concluir, el Maquío seguirá acompañándome. Su vida fue la prueba de que el cambio es posible, y su ejemplo me impulsa a seguir trabajando por un país más justo y más humano, con determinación, valentía y profundo amor por México.

Luis Ángel Guatimea
Columnista

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