Inteligencia artificial: una herramienta verde para cuidar el planeta.

Por Mtro. Luis Ángel Solano Guatimea

Vivimos un momento extraño: nunca habíamos tenido tanto poder tecnológico en las manos… y al mismo tiempo, nunca habíamos estado tan cerca del colapso ambiental. Mientras debatimos si la inteligencia artificial nos quitará empleos o nos facilitará la vida, hay una pregunta que persiste: ¿puede ayudarnos a cuidar el planeta? ¿Puede una tecnología tan avanzada ponerse al servicio de algo tan esencial y natural como un río limpio, un ecosistema sano o una especie en peligro?.

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Se dice, con razón que la IA contamina, que sus centros de datos consumen grandes cantidades de energía y agua. Algunos estudios muestran que entrenar modelos grandes requiere miles de litros de agua para enfriar los servidores. Hay quienes ya la ven como una contradicción ecológica. Pero más allá del ruido, también hay un campo fértil donde la IA puede usarse con otro propósito: anticipar incendios forestales, detectar patrones de migración animal, prevenir la pesca ilegal o monitorear la calidad del agua en zonas vulnerables.

Hace algunas semanas un buen amigo me invitó a un desayuno con el biólogo marino Mauricio Hoyos, donde se habló sobre el proyecto de conservación del tiburón toro en el Farallón de San Ignacio. Trabajar por la conservación animal es muy caro: se requieren radares especiales, seguimiento constante, y el riesgo que implica instalar los rastreadores en los propios animales, tanto para ellos como para quien los injerta. Le pregunté a Mauricio cómo podría servir la inteligencia artificial para estos esfuerzos. ¿Prediciendo movimientos? ¿Analizando patrones de comportamiento?

Me dijo que es un camino que apenas empieza a explorarse, pero hay ejemplos esperanzadores. En otras partes del mundo, investigadores ya han desarrollado modelos de aprendizaje profundo capaces de analizar imágenes de video submarino para identificar y rastrear tiburones mediante redes neuronales convolucionales. Hay plataformas como SharkPulse que utilizan IA para escanear fotografías públicas en internet, identificar especies y construir bases de datos globales sobre migración y comportamiento.

Si eso ya se está haciendo en otros lugares, ¿por qué no pensar en una versión adaptada para el tiburón toro en Sinaloa? Sensores de temperatura, cámaras submarinas, sistemas autónomos de monitoreo, todo alimentado por IA para proteger nuestros ecosistemas marinos.

La inteligencia artificial no es una moda ni un lujo del futuro. Es una herramienta que ya está ayudando a resolver problemas reales, concretos y urgentes. En Brasil, por ejemplo, un sistema llamado MapBiomas utiliza imágenes satelitales con IA para detectar deforestación ilegal casi en tiempo real. 

Y en Sinaloa también podríamos aprovechar más esta herramienta. Uno de los retos ambientales más visibles hoy es el lirio acuático en los ríos de Culiacán. Ya hay esfuerzos para contenerlo, pero ¿y si la inteligencia artificial pudiera sumar? ¿Sensores que midan su crecimiento en tiempo real? ¿Algoritmos que anticipen las zonas donde se expandirá más rápido? ¿Sistemas de análisis que ayuden a planear mejor las jornadas de limpieza? 

Quizá no estamos tan lejos de hacerlo realidad. La tecnología ya existe y los primeros pasos ya se están dando. Lo que sigue es abrir más espacios de colaboración entre instituciones, comunidad científica y sociedad civil para aprovecharla donde más se necesita. Con voluntad, visión y trabajo conjunto, podemos convertir a la inteligencia artificial en una gran aliada para cuidar lo que más queremos.

¿Falta mucho por hacer? Sí. Pero al menos hay ruta.  A nivel legislativo, el Verde ha dado pasos importantes. El diputado Eruviel Ávila Villegas  encabezó un diálogo bicameral sobre inteligencia artificial y regulación ética. La diputada Yolanda García Ortega impulsó una iniciativa para sancionar el uso de IA con fines de violencia digital. Y el grupo parlamentario del PVEM ya trabaja junto con Morena para impulsar la Ley Federal para el Desarrollo Ético, Soberano e Inclusivo de la Inteligencia Artificial, que busca que México cuente con un marco normativo responsable en esta materia.

Hace tiempo vengo trabajando en un proyecto llamado Momentum Ai, una empresa consultora donde buscamos impulsar el uso ético y estratégico de la inteligencia artificial desde el sector público. Queremos que gobiernos estatales, congresos, universidades y comunidades tengan acceso a tecnología útil, no inalcanzable. Y eso incluye el uso de IA para temas ambientales. La idea es simple: la IA no debe ser privilegio de grandes empresas o ciudades. Debe estar al servicio de la gente y de la naturaleza.

Estamos en un momento clave. El país y el mundo enfrentan una crisis climática sin precedentes. Pero también tenemos a nuestra disposición herramientas tecnológicas que nunca antes habíamos tenido.

¿Vamos a usar la inteligencia artificial solo para generar contenido en redes o vamos a ponerla al servicio de las causas que sí importan? Hay partidos políticos que están utilizando la IA para “revivir” a sus antiguos fundadores. Pero reciclar imágenes de “mártires democráticos” no es precisamente sustentable.

La respuesta es ponerlo al servicio de las causas. Pero no basta con creerlo. Hay que construirlo. 

El futuro es verde, pero será también inteligente.

Luis Ángel Guatimea
Columnista

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