Por Miroslava Escobedo.
La conmemoración del mes del orgullo deriva de una protesta, del clamor social de todas esas personas que por siglos vivieron en la sombra y la exclusión considerados ilegales.
Han sido años de lucha para superar los prejuicios, cuestionando su forma de vida, de ser y amar, defendiendo sus derechos y sobre todo su libertad.
Cada logro alcanzado por la comunidad en México y el mundo premia el orgullo de SER, el ser auténtico, el ser valiente, el ser amado, el ser incluido, el ser reconocido, el ser parte, el ser humano con la misma dignidad y valor, con derechos humanos, con garantías, con oportunidades, celebra la diversidad.
Junio, es un mes que nos recuerda la importancia de la libertad y la individualidad con que cada uno tenemos derecho de desarrollarnos, basta de persecuciones que generan odio, violencia, injusticia y discriminación, la orientación sexual no define ni clasifica, en cambio la empatía y la tolerancia nos une.

Las autoridades tienen también un gran camino por andar en el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTIQ+, una deuda histórica que se debe sí o sí sufragar, la exclusión que por décadas han sufrido, los crímenes de odio de los que han sido víctimas desde la infancia incluso.
Es deber de las autoridades contribuir a la generación de legislación protectora de sus derechos, la elaboración de políticas públicas que abone a garantizarlos y que elimine los estereotipos que alimentan la discriminación, es hora de que el discurso se materialice y se deje de castigar la diversidad.
Abrazar las diferencias y respetarlas nos hará crecer como sociedad y en lo individual, vivamos en colores.
¿Quién puede decirnos quiénes somos y a quién amar sí no somos nosotros mismos? Quitémosle el peso de tener que ser valientes para ser libres a quienes tienen el ORGULLO DE SER.
Todos los derechos para todas las personas en todas partes sin importar quién eres ni a quién ames.


