¿México por el clima?

Por Natalia Aguilar

Me enteré del evento México por el Clima por redes sociales. En teoría, emociona y esperanza ver espacios donde se habla de soluciones, donde convergen juventudes, empresas, academia, sociedad civil y gobiernos para enfrentar la crisis climática. Pero siendo sincera, me siento confundida.

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Confundida porque en los escenarios donde se habla de “sostenibilidad” aparecen las mismas empresas que practican greenwashing, vendiendo su responsabilidad ambiental como si fuera mercancía. Cerveceras hablando de soluciones hídricas, empresas extractivas patrocinando paneles sobre sustentabilidad… ¿de verdad se trata de cambiar el modelo o solo de limpiar su imagen?

También incomoda ver ciertos rostros repitiéndose en cada evento, incluso aquellos que han estado envueltos en polémicas dentro del activismo. ¿Dónde quedan las nuevas voces, los territorios que nunca son escuchados? Se menciona la participación de pueblos originarios, pero ¿qué pasa fuera del escenario? Las mismas empresas que se toman la foto son las que despojan a esas comunidades de su agua, su tierra y su paz.

Y aunque dicen que las juventudes están representadas, muchas veces no somos más que público decorativo. Me pregunto: ¿para quién son realmente estos eventos? ¿Para las juventudes que están exigiendo justicia climática desde los territorios, o para las marcas que necesitan demostrar “responsabilidad social”?

Y aquí hay otra capa de contradicción: mientras el país organiza eventos climáticos con patrocinadores, se recortan presupuestos para medio ambiente y restauración ecológica, se debilitan instituciones ambientales y se crean nuevos impuestos “verdes” que supuestamente se destinarán a la conservación. Pero, ¿cómo podemos asegurarnos de que ese dinero realmente llegue a la restauración de ecosistemas y no se pierda en burocracia o corrupción?

Por eso, el 11 de octubre se llevará a cabo la Marcha por el Clima en la CDMX, un espacio que —más allá de los reflectores— busca visibilizar las verdaderas demandas de las juventudes, de las comunidades y de quienes defienden la tierra desde lo cotidiano. No se trata de una foto o una campaña: se trata de recordar que la acción climática nace desde abajo, desde la calle, desde el territorio. Ojalá este tipo de movilizaciones reciba la misma atención mediática y política que los eventos patrocinados.

Hablar de cambio climático no puede reducirse a un foro con luces LED, hashtags y discursos reciclados. Si hablamos de soluciones, también tenemos que hablar de incoherencias: de un país que organiza eventos climáticos mientras aprueba megaproyectos que destruyen ecosistemas; de una ciudad que promete reducción de emisiones mientras sigue construyendo sobre el concreto.

No todo está perdido, claro. Que existan estos espacios también abre la posibilidad de cuestionarlos desde adentro. De exigir coherencia, no solo presencia. Que si vamos a hablar de “México por el Clima”, también hablemos de un México para la gente, no solo para las corporaciones.

Quizás lo que necesitamos no son más paneles, sino más acciones. No más discursos, sino más vigilancia ciudadana. Y sobre todo, menos ego y más eco.

Natalia Aguilar
Columnista
Residente de la Madre Tierra | Ambientóloga | Fundadora de IACS Ingenieria Ambiental y Consultoria Sostenible

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