Por Stepany Acuña.
“Quizás la mejor manera de valorar lo que significa un régimen democrático sea revisando nuestra historia”.
Hace menos de 50 años la democracia en México, tal y como la conocemos hoy en día no existía, el que los ciudadanos acudieran a las urnas con la certeza de que el resultado de los comicios sería certero se consideraba una utopía.
Hace menos de 50 años la voz del Presidente en turno era algo así como el dictamen último de cualquier cuestión.
Hace menos de 50 años los Poderes Legislativo y Judicial vivían a la sombra de las políticas y desplantes del titular del Ejecutivo.
Hace menos de 50 años en México sólo existía espacio para la unanimidad.
Hace menos de 50 años México, a pesar de contar con una Constitución democrática, no había conocido realmente lo que significaba tener un régimen democrático. ¿Y sabes tú cuál fue la fórmula para que el diseño constitucional se hiciera realidad? Tener un auténtico sistema de partidos y una fórmula electoral capaz de dar garantías de imparcialidad y equidad a las contiendas.
Hoy esas dos piezas que le dieron cabida al régimen democrático que tenemos se juegan la vida en la Cámara de Diputados pues los legisladores están discutiendo, a efecto de lograr una propuesta en común, una iniciativa de reforma en materia político-electoral planteada por el Presidente López Obrador cuyo objetivo toral es capturar a las autoridades electorales y reducir la representación proporcional en el Congreso con el fin de que el partido gobernante tenga mayorías más robustas.

Y bueno ¿cómo sucedería eso? Te explico. En primer lugar, modificando el procedimiento para nombrar a los Consejeros del INE (que ahora se llamaría INEC -Instituto Nacional Electoral de Consultas) y a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. El Oficialismo pretende que éstos sean elegidos por medio del voto popular, pero OJO: no todos los ciudadanos podrían ser aspirantes. Cada uno de los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) presentaría una lista de 20 candidatos para consejeros y 20 magistrados. Luego los 60 aspirantes para el INEC y los 60 para el TEPJF se votarían en una elección nacional. No me quiero ni imaginar cómo se llevaría a cabo la campaña de 60 candidatos a consejeros y magistrados, además ¿de dónde va a salir tanto financiamiento? Desplegar una campaña nacional en busca del voto implicaría muchos millones de pesos.
Lo expuesto en el párrafo que antecede, además de que no sucede en NINGUNA PARTE DEL MUNDO, resultaría peligrosísimo para nuestra democracia pues se politizaría el perfil de los árbitros electorales. En lugar de expertos, las autoridades electorales que tendríamos serían políticos profesionales, militantes y activistas. Resulta sumamente irresponsable siquiera considerar que la elección de este tipo de puestos sea por medio del voto popular, de suceder esto podríamos pasar de tener a personas especialistas en el tema a tener personalidades sujetas a maquinarias para movilizar votos. Es como si en un proceso médico uno eligiera al profesional de la salud en cuestión por el mero hecho de que “nos cae bien” y no porque este preparado y experimentado.
Ahora bien, el sistema de representación se socavaría eliminando a los legisladores de mayoría relativa y sustituyéndolos con legisladores de representación proporcional de 32 listas, una por cada estado, lo cualfortalecería la partidocracia en las entidades federativas. Esto quiere decir que a no elegiríamos a nuestros representantes de forma directa tal y como lo hemos venido haciendo, si no a través de listas que nos presentarían los partidos políticos, rompiéndose así el vínculoque existe entre legislador y elector.
Si bien es cierto nuestro sistema electorales perfectible no considero conveniente que deba reformarse en los términos que los planteaMORENA, por lo menos las reglas que tenemos ahorita funcionan para organizar elecciones limpias donde las minorías pueden convertirse en mayorías.
Yo Steph, no me visualizo viviendo en un país donde la autoridad electoral corra peligro de estar sujeta a ser cooptada por el partido en el poder y en donde los ciudadanos quedemos fuera de la toma de decisiones, ¿tú si?. Y como lo dijo Giovanni Sartori “El futuro de la democracia depende de la convertibilidad de mayorías en minorías de éstas en aquellas”. Si a nuestros legisladores de oposición les queda un grado de decencia y responsabilidad por sus representados deberían de votar la iniciativa en contra.
Nos vemos el próximo lunes.


