Por Psic. Diana Sugey Mendoza Cital
Dicen que cumplir años es un privilegio, pero hay días en que se siente más como una evaluación de vida. Los cumpleaños son esos recordatorios con globos y pastel de que el tiempo pasa, nos guste o no. Y aunque intentemos disimular con velitas y buenos deseos, algo en el fondo nos susurra: “otro año menos… o más, según cómo se mire”.
Pero ¿de dónde viene esta necesidad humana de celebrar que seguimos vivos?.
Históricamente, los egipcios fueron de los primeros en registrar cumpleaños, aunque no de cualquier persona, sino del faraón, porque creían que en el día de su coronación “nacía como dios”. Los griegos adoptaron la costumbre y añadieron algo muy significativo: el pastel redondo con velas, símbolo de la luna y ofrenda a Artemisa, diosa de la luz. Así que sí, cada vez que alguien apaga las velas y pide un deseo, está haciendo un ritual milenario (aunque con menos túnicas y más betún).

Desde la psicología, los cumpleaños son hitos que invitan —a veces obligan— a reflexionar sobre el paso del tiempo y la propia identidad. Nos confrontan con preguntas que no siempre queremos responder: ¿he hecho lo que esperaba? ¿soy la persona que imaginé ser a esta edad? Y claro, si no hay respuestas satisfactorias, siempre queda la opción terapéutica de comer pastel hasta olvidar la pregunta.
También hay quienes odian su cumpleaños. No por modestia, sino porque sienten que ese día los obliga a “ser felices”, a recibir llamadas de personas que no ven desde el siglo pasado y a fingir sorpresa ante un pastel que ellos mismos encargaron. Y es que, paradójicamente, una celebración que debería conectar con los demás a veces se convierte en un espejo solitario.
Sin embargo, algo en nosotros necesita festejar. Quizá porque marcar el tiempo nos ayuda a darle sentido a la vida. Cada año que cumplimos no solo suma días: suma experiencias, heridas, aprendizajes y versiones de nosotros mismos. Celebrar un cumpleaños, en el fondo, es agradecer que seguimos aquí, intentando —como podemos— comprendernos, recomenzar y, sobre todo, vivir.
Así que, si se acerca tu cumpleaños, celébralo a tu manera: con pastel, sin pastel, con amigos o contigo mismo. Pero hazlo consciente, porque no se trata solo de sumar años, sino de sumar vida a los años.Y tú, cuando apagues tus próximas velas…
¿Vas a pedir un deseo o vas a empezar a cumplirlo?





