Por Diana Sugey.
Diciembre, sin duda alguna, es uno de los meses más esperados y favoritos de muchas personas por todo lo que conlleva: festividad, unión familiar, magia, regalos, la idea de que todo se puede dejar atrás y perdonar; sin darnos cuenta, somos contagiados por el espíritu navideño, las posadas, y en un abrir y cerrar de ojos el año nuevo se avecina.
En estos momentos nos encontramos a unas horas de recibir el año nuevo, para muchos esto significa una nueva oportunidad para lograr todo aquello que siempre se hadeseado y por una u otra cosa no conquistaron este año. Uno de mis momentos favoritos de la celebración o la cena para recibir el nuevo año es cuando se hace el tradicional brindis con las doce uvas, mismas que representan los doce deseosque se piden y se espera sean cumplidos durante el nuevo ciclo.
No cabe duda de que el nuevo año genera la ilusión de la posibilidad de un cambio, para hacer un borrón y cuanto nueva de todo lo malo que se vivió o todo aquello que no se pudo lograr, es por ello por lo que los propósitos son fundamentales, no obstante, estos propósitos, por lo regular, tienden a ser los mismo el año anterior y el de hace dos años y así. La realidad es que la mayoría de las personas no cambia de vida. Se necesita mucho más para generar un cambio. Los deseos y propósitos no son suficientes.

Se nos olvida que el compromiso no es con el año que inicia, es con nosotros mismos. Sin embargo, no estamos dispuestos a pagar el precio para que los cambios en nuestras vidas sean una realidad, por lo que nos condenamos a nosotros mismos en estar en un eterno circulo, en el cual la constante es la repetición. Lleno de culpa, de insatisfacción, de vació, y de la sensación de que algo nos falta. Tal como el Psiquiatra Jacques Lacan lo dijo alguna vez “somos sujetos en falta”. En la búsqueda constante de encontrar aquello que nos complemente, pretendiendo obtenerlo allá afuera, sin querer hacernosresponsable o cargo de lo que nos toca, sin implicarnos realmente.
De esta manera seguimos esperando a que inicio de semana, de mes, de año, como si mágicamente, al ser lunes, todo cambiara. Esto no funciona así. Por eso, la mayoría de las veces, los propósitos de año nuevo quedan únicamente en el aire, como parte de lo que se tiene que hacer para completar el ritual, a veces me pregunto si realmente son tomados en serio, o únicamente pensamos en ellos y los hacemos de manera mecánica, porque es lo que se tiene que hacer para mantenernos con el mismo espíritu con el que se inicia el mes de diciembre.
Se necesita voluntad para hacer que la vida cambie realmente, voluntad para cumplir con los objetivos planteados, o propósitos -si los queremos nombrar de esa manera-, voluntad para levantarnos de la cama todos los días, voluntad para respetarnos a nosotros mismos y la meta a la cual queremos llegar, no es suficiente con desearlo con uvas, no, debemos tener voluntad para sostener la palabra, y atrevernos a salir del circulo de la repetición.
Y además de la voluntad tenemos que estar dispuestos a pagar el precio, y no buscar recompensas a corto plazo, sino a largo plazo, y eso es algo a lo cual no estamos acostumbrados, en la actualidad, todo lo queremos ya, y es por eso que muchas veces no cumplimos estos propósitos, porque cuando caemos en cuenta que tenemos que trabajar por ellos y eso implica compromiso, no estamos dispuestos, y es así, como decidimos mantenernos en la constante repetición.



