Por Diana Sugey Mendoza
Ayer escuché el relato de una compañera que narraba la última discusión que tuvo con su novio, con quien vive desde hace algunos meses. Actualmente ella se encuentra desempleada y ha tenido dificultades para encontrar trabajo, por lo que en los últimos meses su pareja ha tenido que hacerse cargo de la mayor parte de los gastos del hogar. Sin embargo, el último mes él no le depositó la cantidad completa que acostumbraba a darle, sino solo una parte.
Ante esta situación, ella decidió confrontarlo. Él respondió que ella también debía aportar económicamente, que en ocasiones se mostraba “quisquillosa” con los trabajos que encontraba y que no podían seguir así. Esto desató una discusión más profunda, pues, aunque ella no estaba contribuyendo con dinero, era quien se encargaba de la casa: limpiar, cocinar y atender muchas de las necesidades cotidianas de ambos.
En medio de la discusión, ella le preguntó algo que me pareció muy significativo: “¿Entonces lo que yo hago no representa nada para ti? Si mi aportación a la relación se resume únicamente al dinero que pongo, entonces tienes razón, no estoy aportando nada. Y si es así, no sé si deberíamos seguir juntos”.
Este relato me hizo pensar en una pregunta más amplia: ¿qué es lo que realmente hace que una pareja funcione? ¿Qué significa “aportar” dentro de una relación?
Algunas personas dirán que antes las relaciones eran más sencillas, quizá porque los roles estaban más definidos: tradicionalmente el hombre era el proveedor económico y la mujer la responsable del hogar. Sin embargo, desde una mirada más crítica también sabemos que esa aparente “claridad” muchas veces estaba sostenida por desigualdades y expectativas sociales muy rígidas.
Con el paso del tiempo, esos roles han cambiado. Hoy es común que ambos miembros de la pareja trabajen, aporten económicamente y, en teoría, compartan también las responsabilidades domésticas. No obstante, en la práctica estos acuerdos no siempre están claros. Muchas parejas se enfrentan a conflictos porque cada persona tiene ideas distintas sobre lo que significa contribuir, apoyar o ser responsable dentro de la relación.
Desde la psicología de las relaciones sabemos que uno de los factores más importantes para el bienestar de la pareja es la percepción de justicia o equidad. No se trata necesariamente de que todo sea exactamente igual, sino de que ambos sientan que lo que dan y lo que reciben tiene sentido y es valorado. El problema aparece cuando una de las personas siente que su esfuerzo, sea económico, emocional o doméstico, no es reconocido.
Por ello, muchas de estas situaciones se relacionan menos con el dinero en sí mismo y más con el significado que cada persona le da a las contribuciones dentro de la relación. El cuidado del hogar, el apoyo emocional, el tiempo compartido o la estabilidad económica son formas distintas de aportar, pero no todas las parejas les otorgan el mismo valor.
Tal vez, más que preguntarnos si las relaciones eran más fáciles antes, habría que preguntarnos si hoy estamos dispuestos a dialogar sobre lo que esperamos del otro y sobre lo que estamos dispuestos a ofrecer. Al final, muchas relaciones se sostienen no solo por el amor, sino por la capacidad de construir acuerdos claros, comunicarse con honestidad y reconocer el valor de las diferentes formas de contribuir a la vida en común.


