También se vale tener un mal día.

Diana Sugey Mendoza

Por Diana Sugey Mendoza

¿Te ha pasado que, de pronto, solo quieres quedarte en casa y desconectarte del mundo? A veces la vida se siente así: hay días luminosos en los que queremos comernos el planeta y otros en los que, sinceramente, quisiéramos desuscribirnos un rato. La existencia parece moverse entre esos contrastes, y no siempre estamos listos para interpretarlo todo “de la mejor manera posible”.

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En los últimos años, se ha instalado una narrativa insistente: la obligación de pensar positivo. Esta filosofía, que en apariencia busca nuestro bienestar, termina convirtiéndose en una especie de mandato emocional. “Todo pasa por algo”, “siempre hay un aprendizaje”, “tómatelo con buena actitud”… Y aunque estas frases pueden ser útiles en ciertos momentos, también pueden invisibilizar algo profundamente humano: que no siempre tenemos la energía para ser optimistas.

Desde la filosofía existencialista, autores como Sartre o Kierkegaard recordaban que la angustia, el cansancio y la duda forman parte esencial de la condición humana. No son fallas del sistema; son señales. En psicología, enfoques como la Terapia deAceptación y Compromiso nos enseñan que intentar controlar o evitar emociones desagradables suele generar más sufrimiento. Lo que no se siente, se somatiza; lo que no se nombra, pesa.

Por eso, quizá la clave no está en forzarnos a ver el “lado positivo” de todo, sino en darnos permiso. Permiso para aceptar que hoy no fue un gran día, que no tengo la mejor actitud, que necesito cama, silencio o lágrimas. Permiso para sentir antes que interpretar. Permiso para ser humanos antes que “productivos emocionalmente”.

Aceptar las emociones no significa quedarnos a vivir en ellas, sino reconocerlas para seguir adelante de forma más auténtica. Porque, al final, la felicidad no siempre está en lo que nos pasa, sino en cómo nos relacionamos con ello… y a veces la relación empieza por decir, simplemente: “Hoy no puedo con todo, y está bien.”

Sugey Mendoza
Columnista
La Maestra Diana Sugey Mendoza Cital es Licenciada en Psicología y se ha desempeñado con gran compromiso en distintos ámbitos de la formación, atención y reflexión psicológica. Actualmente, coordina el área de Psicología en la Unidad de Bienestar Universitario de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Es también docente en la Facultad de Psicología. Cuenta con una sólida formación académica complementada con diplomados en Psicología Clínica, Psuiquiatria y salud Mental y Actualización en Docencia. Su formación de posgrado incluye una Maestría en Investigación Educativa. Ha colaborado en libros como títulados "Des-centramientos sobre la panadería desde la postpandemia" e "Interdisciplinariedad en educación". Y autora del libro Efectos de la ausencia del padre en la singularidad de la infancia.

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