“El shutdown más caro del silencio”

Por Vaquero González

Estados Unidos está cerrado. Otra vez. Y no por nieve, ni por pandemias, ni por extraterrestres haciendo fila en la Casa Blanca. No. Se cerró porque hay algo que ni el Congreso ni Hollywood pueden escribir sin miedo: la lista de Jeffrey Epstein.

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Sí, esa lista. La de los nombres prohibidos, los vuelos privados, las fortunas intocables. La que, según dicen, podría incendiar medio Washington si se publicara completa.

Mientras tanto, los senadores fingen discutir sobre presupuestos y “techos de deuda”, pero lo que realmente está colapsando no es el gobierno: es su credibilidad. En el Senado, la votación para liberar los archivos de Epstein se perdió. Otra vez. Y, curiosamente, antes de que todo se apagara, la Casa Blanca ya había enviado manuales paso a paso a todas las agencias federales explicando qué hacer durante un shutdown, como quien ensaya un incendio que aún no empieza. ¿Coincidencia? No. Prevención de daños colaterales… políticos.

Mientras tanto, los estados demócratas son los más afectados: fondos congelados, programas detenidos y miles de empleados federales sin sueldo. El shutdown no fue una falla técnica; fue una jugada quirúrgica. Un golpe calculado para que el caos parezca culpa del adversario, mientras las verdaderas bombas —los archivos, los nombres, los secretos— siguen guardadas bajo llave.

Y todo esto ocurre mientras Trump, desde su púlpito dorado, quiere adiestrar a los estados de su propio país como si fueran su milicia privada, alentando a gobernadores republicanos a “prepararse” ante un supuesto colapso federal. El resultado: protestas en varias ciudades, polarización al máximo y un presidente que, en lugar de unir, parece estar repartiendo fósforos en una casa llena de gasolina. Pero nadie habla de eso.

Porque el escándalo nacional no conviene. Porque mientras el país se tambalea, su deuda pública ya rebasa el 120% del PIB, un nivel que ni los imperios en guerra lograron mantener sin quebrarse.

Porque el dinero se acabó, la paciencia también, y el silencio… ese se paga caro. Y es que, aunque el “shutdown” suene a tecnicismo económico, en realidad es un síntoma de algo mucho más profundo: el colapso moral y político de un país que ya no sabe cómo sostener la mentira. Un país que confunde estabilidad con represión, patriotismo con control, y democracia con espectáculo.Entonces, la pregunta no es si volverán a abrir el gobierno.

La pregunta es: ¿están siguiendo el ABC de cómo provocar una guerra civil o revolución? Porque con el acceso tan fácil a las armas, la polarización extrema y la desesperación creciendo… ¿cómo terminará esto?

Lo dije antes y lo reafirmo: Estados Unidos es un imperio en decadencia

Vaquero González
Columnista
Héctor “El Vaquero” González Fernández es un joven líder mexicano con una sólida vocación de servicio y un compromiso genuino por construir un país más justo, informado y participativo. Actualmente cursa la carrera de Derecho en la Universidad Humanitas, complementando su formación con diplomados en Derecho Constitucional (Universidad Veracruzana), Matemáticas Financieras (HSE University), Formación Política (Juventudes en Transformación), Anticorrupción (Secretaría del Sistema Nacional Anticorrupción), y Fortalecimiento de Organizaciones de la Sociedad Civil (UAQ). Su historia política comienza desde niño, pero es a partir de los 13 años cuando inicia formalmente su participación activa, motivado por un interés auténtico en mejorar su entorno, combatiendo las desigualdades sociales y una de sus principales causas: la sobreinformación y la desinformación sistemática que afecta la toma de decisiones ciudadanas. Actualmente es Enlace Parlamentario Tipo A en la Cámara de Diputados Federal, dentro de la Comisión de Protección Civil y Prevención de Desastres, donde trabaja de la mano del Diputado Federal Luis Humberto Fernández, impulsando políticas públicas enfocadas en la protección social, la prevención de riesgos y el bienestar de las comunidades más vulnerables. Su experiencia laboral incluye roles estratégicos como Secretario Particular de Regidora Municipal, Asesor de Regidor, Coordinador Juvenil en campañas electorales locales y federales, así como Pasante jurídico en la Notaría Pública 56, desarrollando una visión integral entre la operación política, el territorio, y la legalidad institucional. Héctor es Presidente y Fundador de Euforia Juvenil, una organización juvenil con presencia en todo el Bajío aliada con el UNESCO Center for Peace, donde promueve la participación juvenil en política, la formación cívica y la creación de espacios de diálogo. Su compromiso le ha llevado a representar a México como Delegado Juvenil ante la UNESCO, así como a participar como Senador Juvenil y Diputado Juvenil. Con una visión integral del servicio público, combina el trabajo legislativo con un fuerte activismo mediático. Es columnista en Politikmnte y colaborador en medios como Chismecito Político y Querétaro de Verdad, donde ha escrito sobre fake news, sobreinformación y civismo digital, defendiendo la necesidad de construir una ciudadanía más crítica y consciente. En el ámbito digital, Héctor conecta diariamente con miles de jóvenes a través de sus redes sociales, especialmente en TikTok, donde suma más de 22,000 seguidores, así como en Instagram, donde genera contenido educativo sobre política, participación ciudadana y denuncia social. Su vocación pública tiene raíces familiares: hijo de Mireya Fernández Acevedo, destacada lideresa social y candidata en 2024, y de Héctor González, ex candidato en 2021, ha crecido en un ambiente de servicio comunitario. Además, su abuelo, el reconocido periodista Héctor Joaquín “El Plátano” González, dejó huella en la comunicación política nacional como referente dentro del Centro de Comunicación Social del PRI y colaborador cercano de la Cámara de Senadores, lo cual marcó profundamente su sensibilidad sobre la importancia de la información veraz y responsable. Héctor “El Vaquero” González representa una nueva generación de jóvenes políticos que no buscan ocupar espacios por vanidad, sino para defender causas, combatir la ignorancia que perpetúan las noticias falsas, y abrir puertas a las juventudes que, como él, creen en una política más honesta, cercana y con verdadera vocación social.

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