Por Vaquero González
Durante décadas, el G7 fue el grupo que dictaba las reglas del juego. Sus integrantes (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y Japón) decidían desde la economía hasta la política internacional. Pero el siglo XXI trajo consigo un cambio de piezas: los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) ya no son actores secundarios, sino protagonistas que están reacomodando el tablero global.
Los números lo confirman: según el FMI, los BRICS concentran el 33.6% del PIB mundial en paridad de poder adquisitivo, por encima del G7, que ronda el 29.9%. Además, reúnen al 41% de la población del planeta, frente al escaso 10% que representan los países del G7. En términos energéticos, con la reciente inclusión de Arabia Saudita e Irán, el bloque controla más del 40% de la producción mundial de petróleo (OPEP). Y en comercio, China ya es el primer socio comercial de más de 120 países, desplazando poco a poco a Estados Unidos y Europa.

Si el mundo fuera un tablero de ajedrez, el G7 aún tiene piezas fuertes como la reina financiera y tecnológica (Wall Street, Silicon Valley, la City de Londres). Sin embargo, los BRICS han movido con astucia a sus caballos y alfiles: energía barata, mercados masivos, industrias gigantes y la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que ya suma más de US$1.3 billones en inversiones en 150 países (Banco Mundial).
En este ajedrez global, China juega como la reina. Ya no es solo la fábrica del mundo: es líder en inteligencia artificial superando a Estados Unidos en publicaciones académicas de IA (Stanford AI Index), potencia en infraestructura y cada vez más influyente en las finanzas internacionales. El yuan comienza a disputarle terreno al dólar en transacciones energéticas, con países como Brasil, Rusia e India realizando intercambios en monedas locales.
Mientras tanto, el G7 se defiende: sanciones a Rusia, restricciones a Huawei, presiones sobre TikTok. Pero la estrategia de los BRICS no es forzar un jaque mate inmediato, sino construir una ventaja lenta y estructural. Expanden el tablero al invitar a nuevos miembros como Argentina, Egipto, Etiopía, Arabia Saudita e Irán.
El mundo ya no es el viejo duelo entre Estados Unidos y la URSS. Ahora es un torneo abierto en el que gana quien piense a 20 jugadas. Y, por primera vez en mucho tiempo, el G7 dejó de tener todas las fichas a su favor. Los BRICS se están acomodando con paciencia en el tablero y, si la partida sigue así, podrían ser ellos quienes terminen coronando al nuevo rey del orden mundial.





