Por Vaquero González
Hay momentos en la historia en los que una fotografía dice más que cualquier tratado. Hoy, 29 de octubre, una imagen puede marcar el pulso del nuevo orden mundial: Donald Trump, el hombre que prometió “Make America Great Again”, sentado frente a Xi Jinping, el arquitecto silencioso de la multipolaridad. Lo que parece una simple reunión bilateral es, en realidad, un acto de desesperación. Estados Unidos no está dialogando con China: está buscando la salida.
Trump regresa al escenario global como un boxeador que ya recibió demasiados golpes. Su problema no es solo interno ,una economía con una deuda del 120% del PIB, una sociedad polarizada y un sistema político fracturado, sino estructural. El dólar, esa divisa que durante décadas fue sinónimo de poder, hoy enfrenta su competencia más seria desde Bretton Woods: el yuan, el oro y los acuerdos bilaterales que China ha tejido con precisión quirúrgica.

Mientras Washington trata de mantener sus alianzas tradicionales, el mundo entero se está moviendo hacia el Este. Brasil comercia con China sin usar dólares. Arabia Saudita, el viejo bastión petrolero de Occidente, coquetea con los BRICS y considera aceptar yuanes por su petróleo. Sudán busca apoyo militar y financiero en Moscú. Argentina, en crisis, encontró en Pekín un salvavidas económico. Y hasta Europa, cansada del tutelaje estadounidense, empieza a hablar con voz propia en temas de defensa y energía.
Trump lo sabe. Su encuentro con Xi no es una muestra de fortaleza, sino un reconocimiento tácito de que Estados Unidos perdió la exclusividad del tablero. Durante décadas, su poder se sostuvo sobre tres pilares: el dólar, el ejército y Hollywood. Hoy, los tres están cuestionados. El dólar ya no domina todas las transacciones internacionales; el ejército enfrenta derrotas indirectas en Ucrania y Medio Oriente; y la narrativa de Hollywood fue reemplazada por TikTok, el arma cultural más efectiva del siglo XXI.
BRICS ya no es un club de países emergentes, es una arquitectura paralela al sistema occidental. Controla más del 40% de la población mundial y una parte creciente del comercio energético. Pero lo que realmente asusta a Washington no son las cifras, sino el símbolo: el mundo aprendió a funcionar sin pedirle permiso. China ofrece infraestructura, Rusia ofrece energía, India ofrece tecnología, Brasil ofrece alimentos. El bloque tiene lo que el mundo necesita, y lo ofrece sin sermones sobre democracia. Estados Unidos, en cambio, parece atrapado en su propio discurso.
Trump llega a la reunión con Xi prometiendo volver a ser “el negociador más duro del planeta”, pero en realidad está mendigando estabilidad. Quiere contener el avance del yuan, disuadir nuevas adhesiones a los BRICS y (sobre todo) enviar un mensaje a sus votantes: que todavía puede “domar al dragón”. Pero ya no hay dragón que domar, solo un mundo que decidió dejar de obedecer.
La desesperación norteamericana no se ve solo en su política exterior, sino en su necesidad de reafirmar símbolos. Mientras Netanyahu ignora sus advertencias en Medio Oriente, Rusia avanza diplomáticamente en África y China financia megaproyectos en América Latina, Washington opta por el único camino que le queda: fingir que sigue liderando.
Lo irónico es que el intento de “desvanecer a los BRICS” puede terminar acelerando su consolidación.
Cada sanción, cada amenaza, cada intento de aislamiento ha obligado a las potencias emergentes a crear sus propias instituciones financieras, redes de comercio y mecanismos de defensa. El FMI ya no es el único prestamista, el SWIFT ya no es el único sistema de pagos, y el Consejo de Seguridad ya no es el único espacio de influencia.
Hoy, más que nunca, el mundo está dejando de ser unipolar. Y lo que veremos en esa foto (Trump y Xi dándose la mano= no será un gesto diplomático, sino un epitafio simbólico del viejo orden. Porque cuando un imperio empieza a buscar “la salida”, es porque ya perdió el mapa.
Estados Unidos no se está hundiendo… se está reacomodando en su propia historia. Pero el problema es que, mientras intenta encontrar la puerta correcta, China ya está construyendo la casa.


