Fue un crimen de Estado, ¿ahora qué?

Por Victor Arredondo.

Esta semana ocurrió una tragedia en una estación del Instituto Nacional de Migración (INM) en Ciudad Juárez. Al menos 39 inmigrantes procedentes de Centroamérica y Sudamérica, presuntamente indocumentados, murieron en un incendio que ellos mismos provocaron al incendiar unas colchonetas. En los vídeos rescatados del lugar se pueden ver mínimo a dos guardias que vieron el incendio y escaparon del lugar sin atender a los migrantes, sin activar un protocolo para estos casos, en una evidente omisión de su responsabilidad. Desafortunadamente, al día de hoy que redacto esta columna ya hay 40 fallecidos, y podrían ser más.

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A todas luces y con todas sus palabras, esto es un crimen de Estado, ya que la omisión de procedimientos para evacuar el lugar, la deficiente infraestructura en la que se encontraban los migrantes y el dudoso proceso por el cual capturaron a los migrantes para su presunta deportación es única y absoluta responsabilidad del Estado mexicano, en específico, de la Secretaría de Gobernación, encargada del INM, pero también de la Secretaría de Relaciones Exteriores por dirigir tan represiva política migratoria.

Está tragedia era cuestión de tiempo para que sucediera: desde hace años se venía hablando de la deficiente infraestructura en las estaciones y oficinas del INM para atender las solicitudes de los migrantes y darles refugio. Los inmigrantes, si tenían suerte, terminaban en un albergue sobrepoblado, con una alimentación pobre, unas condiciones de vida insalubres y una hostilidad dentro y fuera de la estación migratoria. También cabe destacar el cambio de política migratoria en México desde la llegada de Donald Trump al poder en los Estados Unidos: de una política permisiva a una represiva, usando al ejército y la policía para perseguir a los migrantes como si de terroristas se tratasen. Sin refugio digno, sin seguridad, sin trabajo, sin dinero y con la fe puesta en un mejor futuro en Norteamérica, es lo que tienen nuestros hermanos migrantes. Los migrantes son humanos y merecen un trato digno, así como nuestros hermanos migrantes mexicanos en los Estados Unidos.

¿Hasta dónde vamos a permitir que los inmigrantes en suelo mexicano sean tratados así? ¿Acaso tiene que ocurrir una tragedia más? ¿Acaso tienen que tratarse de migrantes blancos adinerados para que las autoridades presten atención? ¿Será que los migrantes involucrados en la tragedia eran conservadores y por eso solo se trató de un accidente, cómo lo dejó ver nuestro presidente?

Y ahora bien, ¿Qué tenemos que hacer para evitar otra tragedia? De arranque es más que necesario mejorar las condiciones en los cuales los migrantes están en los refugios, construir más albergues, darles el presupuesto suficiente para operar y dar un trato y condiciones dignas. Necesitamos humanizar y eficientar el proceso de admisión de los migrantes, que puedan regularizar su situación migratoria de forma humana y respetuosa, sin que se sientan unos criminales de alto rango.

Es más que urgente la comunicación y coordinación entre todos los países involucrados, desde los países expulsores hasta Estados Unidos. No se le puede echar la bolita de la crisis migratoria solo a nuestro país, por lo menos no sin acuerdos de por medio. Es muy fácil criticar desde fuera, sin apoyar ni técnica ni financieramente a nuestro país, pero interviniendo mediáticamente a nuestro país como si de un protectorado se tratase… más acción y menos palabras, Estados Unidos.

Por último, nosotros como ciudadanos también debemos poner nuestra parte: no discriminar, apoyarlos cuando los veamos en las calles, en los cruceros, presionar a nuestro gobierno a actuar en estos casos, más cuando esta tragedia está pasando tan desapercibida. No permitamos que nuestros hermanos migrantes sean tratados como criminales, migrar es un derecho universal, no solo de los ricos.

Victor Arredondo
Columnista

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