Por Victor Manuel Arredondo Vizcarra
A lo largo de estas semanas hemos visto como una catástrofe dejó hecho pedazos Acapulco, una de las ciudades más emblemáticas del país, pero también todo Guerrero, un estado constantemente en problemas por este tipo de cosas. Ante este desastre que ha dejado más de 59 muertos, la solidaridad de los mexicanos se ha hecho sentir, pero también la falta de organización y previsión del gobierno para estos eventos, lo que ha provocado debates acerca de dónde sacar el dinero y como organizarse para reconstruir Acapulco y todo Guerrero. A continuación vamos a hablar sobre muchas discusiones que han emanado de esta situación.
Empecemos por el hecho de que el dinero para apoyar en casos de emergencias debe de salir de dónde se indique a nivel federal porque no hay un fondo específico para desastres naturales; en 2020 el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) desapareció para destinar sus recursos a otros asuntos (como el Tren Maya), lo que hace que este dinero pueda ser usado para cualquiera otra cosa. En cambio, los recursos para reconstruir tienen que ser designados con el presupuesto ordinario del gobierno (en pocas palabras el dinero que no esté especificado para otra cosa).
Ante esta ausencia no solo de recursos específicos, también de reglas para cómo gastar ese dinero, se han propuesto muchas ideas para sacar recursos: cortar presupuesto de organismos independientes (como el poder judicial, el INE, entre otros), que se donen salarios de altos funcionarios, eliminar más fondos, etc. Nunca falta el pretexto de “no hay dinero”.
Tenemos que ver también la forma de organización que sigue en la zona de desastre. A la fecha parece que no hay un orden ni autoridad en la zona; hay presencia del ejército pero la situación no parece mejorar, las donaciones llegan a cuentagotas en parte por las restricciones que el propio gobierno pone a la sociedad civil organizada.

Los resultados de esta catástrofe son producto de la negligencia y la pésima planeación: recorte a las instituciones de rastreo e investigación de fenómenos climáticos, eliminación de subsidios y fondos para desastres, poca planeación y previsión de desastres de gran magnitud y negligencia de las autoridades por tardar en actuar. No quisiera terminar diciendo que con otros gobiernos estaríamos mejor, pero los hechos nos demuestran que por lo menos había mejor planeación.
El resultado es tener prácticamente un Estado ausente cuando más se necesita. La sociedad mexicana ha tenido que sacar la casta por quienes más lo necesitan con donaciones y apoyo en las zonas de desastre para limpiar y restaurar los servicios, muy a pesar de las limitaciones del gobierno. La incompetencia nunca había sido tan costosa como lo es ahora, y quienes lo pagan más caro son los ciudadanos que votaron por quienes hoy no están dando el ancho.
Los mexicanos somos conocidos por ser solidarios y cálidos con los desfavorecidos, y en tiempos de necesidad es cuando más se nota. Invito a todos los lectores a apoyar a la causa, donar y ser voluntarios para que la ayuda llegue pronto, pero también los invito a exigir a qué el gobierno haga su trabajo y atienda a las comunidades afectadas y que sea transparente en como atiende la situación. También hay que exigir que se hagan acciones reales y no cosas para apantallar: donar salarios y “sacrificar” premios y otros gastos corrientes poco o nada sirven cuando no hay una planeación de que hacer con eso.
Que esto nos sirva de lección para no dejar ningún cabo suelto. Deseo mucha fuerza y pronta recuperación para Guerrero.

