Por Victor Manuel Arredondo Vizcarra
El pasado lunes 6 de febrero de 2023 ocurrió una catástrofe natural en Turquía y Siria, desencadenada por un fuerte terremoto de magnitud 7.8 grados Richter, afectando severamente el centro de Turquía y el norte de Siria. Esto se combinó con un crudo invierno que ha dificultado las labores de rescate. Al día en que escribo esta columna hay cerca de 24 millones de personas afectadas y más de 20 mil muertos. Ante está emergencia, varios países extendieron ayuda de todo tipo, desde suministros hasta personal de rescate. México no se quedó atrás y mandó personal rescatista especializado en terremotos, cómo es costumbre de la solidaridad que nos caracteriza.
Quiero aprovechar este desafortunado suceso para hablar de dos cosas: La cooperación y solidaridad internacional y la transformación que hay en el actuar ciudadano a raíz de estos desastres.
Para empezar, podemos definir a la cooperación internacional cómo la voluntad de dos o más países de hacer acciones en conjunto para lograr objetivos acordados entre todos. Pueden hacerse con fines económicos, sociales, culturales, educativos o políticos, pero el que nos importa ahora mismo es el que se hace con fines humanitarios, dicho de otra forma, para salvaguardar a las personas de la zona en que se actúa.
¿Un país como el nuestro, que aboga por la libre determinación y la no intervención puede hacer esto? Por supuesto, incluso podría decirse que es nuestra mejor carta de presentación en la diplomacia internacional, ya que cuando se hacen acciones de cooperación, en especial con estos fines, no se debe intervenir en el gobierno o en la organización del país, ya que solo se procura el salvaguardar vidas.

Cómo había dicho, México ha empleado la cooperación internacional cómo una característica de su política exterior, apoyando en todo momento a todo país que se necesite, sin involucrarse en temas bélicos o políticos (de ahí que Ucrania y Estados Unidos hayan presionado por ayudar más allá de lo humanitario). Así como México está ayudando a Turquía, Turquía nos apoyó con suministros y personal de rescate en el terremoto ocurrido en 2017 en el centro del país.
Ahora bien, cuando ocurren estos sucesos, casi siempre los primeros en actuar son los ciudadanos, quienes se organizan sobre la marcha para apoyarse los unos a los otros, desde el rescate, atención hospitalaria y la obtención y repartición de víveres. La mayoría de las veces el actuar sale de forma imprevista, en parte porque las fuerzas del gobierno se ven rebasadas, o en casos extremos, hace caso omiso o hasta ataca a sus propios ciudadanos.
En México pudimos ver esta transformación en la organización civil y el actuar colectivo con el terremoto de 1985, en el que fue la ciudadanía que se organizó para rescatar personas, atender a los heridos, ocuparse de las víctimas mortales y conseguir suministros para sobrevivir ante la incapacidad del gobierno por atender la situación. Después de esa fecha, se pudo construir una base sólida en protección civil, protocolos de emergencia y organizaciones civiles.
Para ir cerrando, la solidaridad internacional es parte importante de la política exterior de México, reflejo de la voluntad de los ciudadanos de apoyar a quienes han pasado por catástrofes como la que ellos pasaron, muchas veces organizandose para hacer llegar el apoyo sin necesidad del llamado del gobierno. Por desgracia tuvimos que aprender de los desastres para aprender a actuar por nosotros mismos, y desafortunadamente así será en Turquía y Siria, por mientras la ayuda es importante, así que si pueden donar para apoyar a nuestros hermanos damnificados, háganlo. Hoy por ellos, mañana por nosotros.


