Sobre Tesla y el desarrollo tecnológico de Sinaloa.

Por Victor Arredondo.

Esta semana se anunció finalmente la inversión de 10 mil millones de dólares por parte de Tesla para construir una fábrica de autos eléctricos de dicha marca, con lo cual traería una gran transformación a la région que llegue, ya que las cadenas de producción y mano de obra tendrían que modificarse para facilitar sus trabajos y salir beneficiados. Tras varias controversias y confusiones acerca de dónde llegaría esa fábrica, se concretó su llegada a Santa Catarina, Nuevo León, después de que el presidente Andrés Manuel López Obrador dijera que no podía llegar ahí por falta de agua y electricidad, pero que después de una reunión con Elon Musk cambiaría de opinión.

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Antes de que se confirmara su lugar, muchos estados levantaron la mano ante la negativa de López Obrador de que se construya la planta en Nuevo León, entre ellos Sinaloa, sin embargo, se veía muy complicado que la inversión pudiera aterrizar en nuestro estado. En esta columna les hablaré porque es difícil que una inversión así llegue y que debemos hacer para incentivar un desarrollo tecnológico.

Para empezar, las intenciones de Tesla era llegar a una región cercana a los Estados Unidos, con una conectividad importante y que esté cercana a las cadenas de suministros, en lo que se conoce como “nearshoring”, pero además de ello buscaba aterrizar en un lugar en el que ya hubiera industria automotriz con el objetivo de abaratar costes y aprovechar ventajas como la mano de obra o la cadena de insumos, lo que se conoce como un “clúster”.

Desafortunadamente para Sinaloa, no contamos con un clúster de este tipo, de hecho, es difícil encontrar algún tipo de industria no relacionado con la agricultura o la industria alimentaria, debido a que las ventajas que ofrece nuestro estado siempre han estado enfocadas en la agricultura y ganadería. Como ejemplo podemos tomar la industria azucarera, iniciada desde finales del siglo XIX aprovechando las ventajas que ofrecía Sinaloa como potencial agrícola por sus once ríos, tierras fértiles y una relativa comunicación rápida con Estados Unidos desde el puerto de Mazatlán. También llegaron a desarrollarse procesadores de tomate y envasadoras de legumbres, pero poco queda de todo eso por la gran importancia que se le dedicó a la agricultura y la comercialización del producto sin procesar.

Por bastante tiempo este enfoque de desarrollo económico funcionó para nuestro estado, sin embargo, con la dependencia de los precios de los alimentos por el extranjero y el poco plusvalor que se obtiene con la agricultura, se ha buscado diversificar el modelo económico con un desarrollo tecnológico que no dependa de la agricultura, como lo han sido los esfuerzos por crear parques industriales y atraer inversión externa, como puede ser los inicios del parque industrial aeroespacial en Mazatlán, o los intentos por traer la industria automotriz en años pasados.

Si lo que se quiere es industrializar al estado, se debe buscar la forma en cómo mejorar las condiciones para atraer inversión extranjera directa, como puede ser mejorar las vías de comunicación y las telecomunicaciones, incentivar fiscalmente a las empresas que se quieran establecer aquí, comenzar con la formación de profesionistas necesarios para establecer industrias tecnológicas, e incluso ver la posibilidad de que el gobierno invierta directamente para generar industria.

Para concluir, hay varias opciones a elegir para incentivar la creación del desarrollo tecnológico o atraer inversión que pueda generarlo, pero hace falta voluntad política para ello, cosa que en los últimos años ha faltado, o bien, la voluntad de generar condiciones para ello. Invitar a las empresas a que vengan no es tan simple como mandar una carta para que nos consideren en elegirnos.

Victor Arredondo
Columnista

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