Por Luzma Beltrán
Tras meses de violencia colectiva, en medio de una atmosfera donde se respiran amenazas de muerte impregnadas de un aroma a violencia el cual ha traspasado los límites de lo físico, emocional y social, hiriendo hasta el hartazgo con altos costos sociales que desangran al estado; afectando los equilibrios que atentan contra la dignidad humana y la gobernanza. ¿Cuánto más debemos soportar esta narco-serie? ¿Como debemos enfrentar esta guerra que sin pedirlo nos ha convertido en testigos, en cómplices, en víctimas, erosionando la esencia de lo humano? como podemos restaurar esta sociedad fragmentada y la dignidad humana. La sangre derramada en esta tierra clama por justicia es momento de resistir y de reconstruir con calidad. Exigimos voluntad política, pero la verdadera restauración vendrá de la voluntad social, de la responsabilidad individual porque lo peor de todo sería haber vivido toda este violento capitulo y seguir siendo los mismos o más triste aún coexistir con sus secuelas. Señalaré solo algunos efectos que necesitamos advertir:
A) El RESPETO POR LA DIGNIDAD HUMANA: No es normal vivir el terror de un fuego cruzado, ni presenciar la brutalidad de un cadáver ultrajado con cientos de balas y expuesto en público. Estos delitos no solo afectan a la víctima, sino que generan un impacto profundo alterando a la sociedad. La exhibición de restos humanos en espacios públicos es una forma de violencia extrema que busca infundir miedo y vulnerar la dignidad humana. El art.281 bis del CPF garantiza un trato digno incluso después de la muerte. La dignidad humana tiene su origen en el cristianismo con la noción de que somos creados a la imagen y semejanza de Dios, lo que nos otorga un valor intrínseco. Pero también este privilegio tiene una responsabilidad: la de amar a tu prójimo como a ti mismo. Después de los horrores de la segunda guerra mundial este principio pasó a ser un derecho legal en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. No podemos permitirnos retroceder 77 años de lucha. Recordemos quienes somos más allá del miedo y el dolor y reconstruyamos en sentido de pertenencia, renovemos nuestros principios, hagamos cambios estructurales desde nuestro interior y busquemos transformar las condiciones que han permitido esta barbarie.

B) EL ARTE, COMO ALIMENTO DEL ALMA PUEDE NUTRIRNOS O INTOXICARNOS: Elegimos cada nota, cada imagen, como quien selecciona su sustento. Si la música es clave en la formaciónde valores,porque insistir en los narcocorridos y su influencia la cual va hasta la normalización de la violencia. El corrido alterado surgió en 2008 en Sinaloa, con letras que narran historias de poder, violencia y narcotráfico y un estilo agresivo; las autoridades han intentado en varias ocasiones restringirsu difusión, alegando que incitan al crimen; sin embargo, los defensores del género argumentan que la censura no resuelve los problemas sociales de fondo. Los narcocorridos, las narco-series, junto con toda su narco-cultura, glorifican y normalizan el mundo del narcotráfico entre los jóvenes. Sus letras, tramas y estilos presentan a capos, sicarios y buchonas como héroes glamorosos, ocultando las terribles consecuencias de sus actos criminales. Esto, ha generado un grave daño social y cultural. Se requiere elegir entre lo bueno y lo excelente para revertir esta influencia nociva, implementar estrategias integrales y un firme rechazo ciudadano.
C)SALUD MENTAL: La exposición prolongada a la narcoviolencia es un factor de riesgo significativo para la salud mental, aumentando la probabilidad de desarrollar depresión, ansiedad y estrés postraumático debido a su impacto psicológico profundo, para sanar la mente es necesario un proceso de restauración. Hace algunos días un periódico local publicó un artículo del hospital psiquiátrico, donde expone que registra un lleno total en la consulta externa diaria tanto de los psiquiatras como de los psicólogos; de pacientes con cuadros de ansiedad y depresión por pérdida de empleo. A su vez el área que atiende a menores de edad también se encuentra a su máxima capacidad por problemas de salud mental por el consumo de drogas derivado por ansiedad y depresión; evidenciando a otros enemigos “invisibles” que también hemos adoptado sin refutar.
Después del inventario emocional de estos días de estos sentimientos que difícilmente pueden gobernarse, despertemos del letargo, no nos conformemos a los efectos de la desesperanza, no aceptemos el miedo como algo más que un mecanismo de defensa. La verdadera reconstrucción comienza desde el alma, desde la fe; reconozcamos nuestra condición sin culpar a otros, haciéndonos responsables de nosotros mismos, volvamos a ver a Dios como la mejor opción, renovemos nuestros principios sin dejar de hacer el bien social.


