Entre Beneficios y Consecuencias.

Por Luz María Beltrán

Estos días he visto héroes sin capa y mártires de una guerra adjudicada, mujeres de lucha, amigos de convicciones, comunidades de fe, personas pensantes, amigas radicales y solidarias; los he visto vociferar al calor del hartazgo, o peor aún callar.

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La relación sociedad-narco ha sido ambigua, mientras hemos disfrutado de los “beneficios económicos y culturales” que el narcotráfico ha traído, “generando empleo y oportunidades en regiones marginadas”, influenciando la cultura, desde la música, la estética y hasta la moda, una narco-cultura que muchos hemos adoptado sin cuestionar, siendo fans de las narco-series, con una aceptación tácita que no protesta contra sus efectos.

Es hasta hoy, a medida que la violencia entre cárteles ha escalado y que la ciudadanía ha experimentado los efectos colaterales de esta guerra, erosionando la seguridad y el bienestar de la población; donde la desconfianza y la desesperación alimentan la necesidad de encontrar responsables entre aquellos que ostentan el poder; es hasta hoy donde están aquellos que politizan al acecho como cazador furtivo exigiendo procesos revolucionarios ante la falta de gobernabilidad.

Sin embargo, cara a cara frente a nuestra realidad social ¿quién protesta por la ingobernabilidad que ha echado raíces en lo profundo del corazón o dentro las cuatro paredes de nuestros hogares, mientras la sociedad languidece descontrolada? Es crucial que, como ciudadanos, reflexionemos sobre nuestra responsabilidad y tomemos acciones para exigir un cambio real y sostenible. Un cambio que empiece por responsabilizarnos como individuos.

Es importante reconocer que hemos permitido la proliferación del narcotráfico al no cuestionar ni protestar contra sus aparentes beneficios. Esta permisividad ha contribuido a la situación actual, mientras que hemos disfrutado de ciertos beneficios, también hemos permitido que esta problemática se arraigue profundamente en nuestra cultura y economía.

Esta es nuestra tierra, tierra fértil y próspera de gente buena y trabajadora. Creo que somos mejores que estas circunstancias, que esto solo es otra gran dificultad que tenemos que vencer y que será mejor si unimos el quebranto, el hartazgo, la impotencia, la rabia; y las convertimos en un bien común, sin dejar de lado el respeto mutuo y el amor a Dios, quien nos completa dándole plenitud a todo.

Vox Populi
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