Entre Rusia y Turquía: La Fragmentación del Cáucaso Sur.

Por Mariana Duarte Rodríguez

El conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, centrado en la región de Nagorno Karabaj y el Zangezur Corridor, ha pasado de ser una disputa regional a un foco de interés geopolítico internacional.

Este escenario ha atraído la atención de actores externos como Rusia, Turquía, China e India, quienes tienen diferentes motivaciones e intereses estratégicos en la región. La dinámica del conflicto es un reflejo de la fragmentación del orden internacional, en el cual potencias tradicionales y emergentes buscan consolidar su influencia en regiones clave.

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Rusia, históricamente aliada de Armenia y proveedora de armas a ambas partes, ha cambiado su enfoque en los últimos años. Aunque mantiene una base militar en Armenia y el país forma parte de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO) liderada por Moscú, su apoyo a Bakú ha sido evidente.

La invitación del presidente Vladimir Putin a Ilham Aliyev para una cumbre regional en octubre de 2023, a la que no asistió el primer ministro armenio Nikol Pashinyan, muestra este cambio de alianzas. Rusia parece estar aplicando una estrategia tradicional de “divide y vencerás” para mantener su hegemonía en el Cáucaso Sur, utilizando la inestabilidad regional como una herramienta de control.

Por otro lado, Turquía ha sido un firme aliado de Azerbaiyán, especialmente durante el reciente conflicto en Nagorno-Karabaj. Ankara ha proporcionado armamento y apoyo político, consolidando su papel en el Cáucaso Sur. La apertura del Zangezur Corridor es clave para Turquía, ya que conectaría directamente a Azerbaiyán con los estados túrquicos de Asia Central, fortaleciendo el proyecto de un bloque túrquico liderado por Ankara.

Esta estrategia busca no solo expandir la influencia turca, sino también desafiar la hegemonía rusa en la región. China, aunque menos visible, ha adoptado una postura de pacificación. Su interés radica en la estabilidad regional para proteger sus rutas comerciales y proyectos de la iniciativa de la Franja y la Ruta.

Aunque no interviene directamente en el conflicto, Beijing observa con atención los acontecimientos para evitar cualquier desestabilización que pueda afectar sus intereses económicos en Eurasia. La postura de neutralidad china podría permitirle posicionarse como mediador en el futuro, lo que reforzaría su papel diplomático global.

India, por su parte, ha comenzado a involucrarse de manera más activa en el conflicto. Su rivalidad con Turquía y Pakistán, así como su deseo de contrarrestar la creciente influencia china, ha llevado a Nueva Delhi a fortalecer su relación con Armenia mediante la venta de armamento. India ve en el conflicto una oportunidad para aumentar su presencia en una región estratégica y consolidar su papel como potencia emergente en el escenario global.

El impacto de este conflicto en el orden internacional es profundo. La creciente implicación de actores externos resalta la fragmentación del sistema internacional basado en reglas, donde la competencia por la influencia regional desplaza el papel tradicional de las instituciones multilaterales. La región del Cáucaso Sur se ha convertido en un microcosmos de la rivalidad global entre potencias emergentes y establecidas, lo que dificulta la búsqueda de soluciones duraderas.

En este contexto, el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán ilustra cómo las disputas regionales pueden convertirse en puntos clave de competencia global. La búsqueda de una solución estable requerirá esfuerzos diplomáticos coordinados y una mediación imparcial que tome en cuenta los intereses de todas las partes involucradas. Sin una acción concertada, el conflicto podría perpetuar la inestabilidad regional y erosionar aún más la legitimidad de las instituciones internacionales.

Vox Populi
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