Juventud + Oportunidades.

Por: Luz María Beltrán

Sinaloa es un estado de bienestar, su tierra es fértil, sus ríos abundantes, su mar generoso, el campo produce, los recursos naturales están presentes, la capacidad para crecer existe; un estado con riqueza que debería traducirse en desarrollo humano, social y económico, que debería estar sembrando oportunidades y que debería ser un semillero de empleos, de proyectos y de sueños posibles de alcanzar. En Sinaloa más de la mitad de su población no rebasa los treinta años; contamos con una generación joven, llena de talento y ganas de construir.

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Sin embargo, su ímpetu se topa con obstáculos silenciosos como el desempleo, la inseguridad, los bajos salarios y un entorno árido para sembrar futuro. Esto se traduce en jóvenes con títulos bajo el brazo y pocas oportunidades reales de ejercer su vocación; aunado a que la violencia ha obligado a muchas empresas a cerrar puertas, cerrando con ellas también las posibilidades. En redes sociales, otros caminos se disfrazan de promesas y terminan capturando a quienes solo buscan un espacio para empezar. La desesperanza cala hondo afectando el alma de ansiedad y frustración,  no  como síntomas individuales, sino como señales de una epidemia generacional que intenta florecer sobre un terreno resquebrajado.

Esta abundancia debería ser gestionada con visión de futuro, para convertirse en una tierra de oportunidades. Se requieren políticas públicas que aprovechen ese potencial, no solo para exportar productos, sino para retener talentos. Para que el joven sinaloense no tenga que emigrar, ni rendirse, ni disfrazarse de lo que no es para sobrevivir. La oportunidad laboral no debe seguir siendo un favor. Debe ser un derecho. Y ese derecho solo se cumple si se garantizan las condiciones para que trabajar sea una forma de vida justa, digna y posible para todos. Porque una oportunidad no debería ser un privilegio heredado, sino una puerta abierta a quien aún no ha cruzado ninguna. Lo que nos sobra es potencial, lo que nos falta es voluntad de transformarlo en oportunidades reales.

Es urgente hablar de una discriminación positiva que favorezca a quienes inician, como acto de justicia con quienes aún no han tenido su oportunidad. Cabe mencionar que promover el acceso juvenil al empleo no es excluir la experiencia, sino integrarla de forma más justa,  abrir espacios para la innovación sin cerrar la puerta al conocimiento; encontrando la manera de equilibrar el pasado con el futuro; me refiero al retiro prolongado de los adultos mayores que siguen presentes en el mercado laboral. Algunos lo hacen por necesidad, otros, por pensiones generosas las cuales mantienen por poder o por vínculos construidos. Es respetable que han acumulado saberes, experiencia y autoridad, pero su permanencia en ciertos espacios también impide el relevo generacional que el estado necesita. El problema no es que estén, sino que  no dejan entrar. En un sistema donde los puestos clave no se renuevan, donde el mérito cede ante el compadrazgo, donde la edad abre más puertas que el talento, la juventud se queda esperando afuera. Y eso no es equidad.

Sinaloa tiene todo, lo que muchos otros estados envidiarían: Lo que falta no es potencial, sino voluntad de transformarlo en oportunidades reales. Es momento de impulsar una política estatal de relevo generacional laboral, que incluya incentivos a empresas que contraten jóvenes sin experiencia, promueva el retiro digno sin exclusión y fomente espacios de mentoría intergeneracional. Una política que entienda que sembrar empleo no es solo generar plazas, sino construir trayectorias de vida, que la tierra fértil de Sinaloa no solo dé cosechas, sino también futuros, que sus ríos no solo muevan agricultura, sino también ideas. Que el trabajo deje de ser un privilegio heredado, sin desamparar a nuestros mayores y se convierta en el derecho con el que todos podamos construir una vida digna.

Vox Populi
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