Por Mariano Guevara
Hace unos días el Partido Acción Nacional presentó un relanzamiento de imágen y de¿ideología? —es la pregunta que se busca responder—, en el que me resulta importante dar el análisis que he generado en estos días, las impresiones que me dejó, los simbolismos que hay detrás y las contradicciones que hay entre sus entrevistas en medios de comunicación por medio de sus voceros (Jorge Romero y Ricardo Anaya), y con lo que se presentó el pasado domingo.
El Partido nace en 1939 con su fundador Manuel Gómez Morín, que tenía como ideal contrarrestar las políticas y el proyecto de Lázaro Cardenas, con una teoría doctrinal conservadora, liberal, de derecha y en favor de las minorías.
No obstante, es importante mencionar lo que en esencia y estatutariamente es el orígen de Acción Nacional, sin embargo, es un Partido que siempre ha estado relacionado con la extrema derecha internacional, tal es el caso del Yunque, una organización de corte ultraconservadora y violenta, inmiscuida en América Latina. Dicha organización se le reconoce operando en 1955 como el “Movimiento anti-comunista en Puebla” que era una secta religiosa y de corte paramilitar que desapareció, reprimió y violentó a jóvenes por su ideología antisistémica.
Me resulta irónico que la acepción de relanzamiento se ocupa para productos, que es cuando se busca reintroducir al mercado un producto o marca debido que ha ido a la baja y necesita una modificación de imágen o contenido. Esto sin duda, define al PAN. No buscan encabezar un proyecto de nación distinto a lo que ya presentaron, carecen de fondo ideológico y no buscan dar la disputa cultural, tal como lo mencionó Anaya en su entrevista con Denise Maerker en N +.

Es más, diría que en su estrategía mercadológica, ni los mismos comentocratas del viejo régimen se suman a lo que busca tener como objeto el supuesto relanzamiento. No se transmite nada nuevo, no se propone algo distinto, no hay un estímulo distinto que genere un sentido de pertenencia, no hay ni UN cuadro nuevo, y las mismas caras que han conducido dicho “proyecto político” –por décadas– siguen siendo exactamente los mismos, con la distinción de que ahora el grupo político que encabeza Acción Nacional es el de la Alcaldía Benito Juárez y el más que probado Cártel Inmobiliario.
La desgastada y poco efectiva narrativa que se ha venido utilizando desde 2018, de que México se convertirá en Venezuela o Cuba, o de que somos una “narco terrorista comunista dictadura” –lo que sea que eso signifique–, les ha redituado poco o nada. Mientras su dirigente Jorge Romero vea como medio de convencimiento regalar iPhones 17 a los jóvenes para que se afilien o se sumen a su causa de manera ORGÁNICA.
Acción Nacional sigue siendo lo mismo con o sin relanzamiento, sin embargo tengo varias anotaciones al respecto en las que debemos estar atentos:
Están utilizando símbolos que no deben pasar por desapercibido, ya que la derecha internacional siempre los han utilizado para comunicar o radicalizarse, tales como lo son: patria, familia y libertad.
¿Patria, familia y libertad? Difícil resulta entender cómo un proyecto de derecha puede proclamarse defensor de la patria, cuando históricamente han sido los primeros en entregarla y ponerla en venta.
Hablan de la familia tradicional —compuesta por hombre, mujer e hijos—, pero en los hechos solo instrumentalizan su concepto mientras niegan y excluyen otras formas legítimas de familia. Y en cuanto a la libertad, ¿qué clase de libertad puede existir sin igualdad ni un proyecto de bienestar social que la sustente? Sin justicia social, la libertad no pasa de ser un privilegio para unos cuantos.
Por último, Acción Nacional, al carecer de una definición ideológica clara y de un verdadero proyecto político, podría convertirse en un trampolín para quienes aspiren a la presidencia en 2030, pero que no cuenten con una estructura partidista capaz de hacer frente a Morena.
Entre esos perfiles podrían encontrarse desde la “progre buena ondita” Alessandra Rojo de la Vega —que se autodefine como de izquierda mientras se relaciona con sectores provida y contrarios a la llamada ideología de género— hasta Ricardo Salinas Pliego, el empresario evasor de impuestos que busca encabezar un supuesto “proyecto libertario”. Este último no debe subestimarse: su poder económico le otorga influencia, y eso lo vuelve peligroso.
Sin embargo, en un país donde sólo alrededor del 20% de la población se identifica con la derecha, imaginar una adhesión significativa a la extrema derecha resulta, por ahora, poco probable.




