La caída de Estrada.

Por Juan B. Ordorica.

En alguna ocasión escuché que la soberbia era un derecho que se tenía que ganar. Cualquiera puede ser soberbio; no cualquiera lo merece. Estrada Ferreiro fue un gobernante soberbio; eso no tiene nada de malo. Sin embargo, la soberbia terminó por sacarlo de la presidencia municipal para hoy luchar por su libertad.

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Estrada Ferreiro entregó resultados un poco mejores que sus antecesores, pero, no por eso, se ganó el derecho a dar rienda suelta a la soberbia. Seguramente en muchas cosas tenía razón, aun así, la combinación del ego y un pésimo talento para comunicar resultó ser fatal en sus aspiraciones políticas. Muy poca gente lo extraña y en algunos meses más pasará a ser una anécdota folclórica de los políticos caídos en desgracia. 

El ex alcalde de Culiacán llegó al Poder presumiendo enfrentar al Poder: “El abogado que enfrentó al Poder” se podía leer en sus espectaculares de campaña cuando fue postulado por la alianza PAN- PRD buscando ser diputado. Hay que reconocer que fue uno de los primeros que saltó al barco MORENISTA cuando casi nadie creía en ese proyecto. El propio Andrés Manuel López Obrador lo invistió como representante de MORENA y un poco después lo hizo candidato a gobernador por Sinaloa en el 2016. Desde luego que sus resultados no fueron del todo positivos, pero decidió quedarse en MORENA.

Tres años después fue premiado con una candidatura a la alcaldía de Culiacán; le tocó cosechar los beneficios de la ola obradorista. Algunos cercanos a Estrada aseguran que ni el mismo esperaba un resultado favorable. Su meta era “sacrificarse” por la alcaldía para recibir una delegación a cambio.

El abogado que antes presumía enfrentar al poder terminó por arrodillarse al Poder. Acabó entregado al Poder de tal manera que la sumisión llegó al extremo de deificar a López Obrador con un mural en el ayuntamiento. La soberbia de Estrada quedó borrada por las pinceladas del artista de mural. 

Su primera administración fue aceptable a secas. Nada que presumir, excepto que dejaba conocer su talente voluble y una nula preparación para comunicarse. Por obra y gracias de las redes sociales, el desparpajo de su soberbia lo convirtió en un meme para los ciudadanos culichis.  Ser un meme lo salvó. La gente lo tomó como un chiste. El problema con los memes y los chistes es que el publico se aburre fácil de ellos.

La antigua amistad con López Obrador le alcanzó para imponerse a otros en la búsqueda de reelección por Culiacán. Estrada Ferreiro, seguramente aconsejado de su soberbia, le impidió ver que las amistades en política tienen fecha de caducidad. Los favores que él pudo hacer en el pasado ya estaban saldados. Siempre hay alguien con más amistades que uno.

El alcalde defenestrado apostó a estar bien con Dios (AMLO) y despreciar a los angelitos. Dios tiene agendas muy ocupadas; para eso tiene a sus ángeles: para ocuparse de nimiedades. Algunos Ángeles tienen espadas ardientes y son capaces de enfrentarse a Lucifer. A Estrada le tocó pelearse con un Ángel más alto en el escalafón morenista. Hoy paga las consecuencias: Al igual que lucifer, ambos fueron expulsados de la presencia de Dios para ser enviados a los fríos pozos del infierno (Son fríos. No crean en eso del fuego abrazante) .

Repito una vez más: la soberbia se gana. ¿Qué hizo Estrada para ganarse la soberbia? . El pecado capital de cabecera del ex alcalde pudo más que la inteligencia; en política eso es un pecado mortal sin derecho a la salvación y con boleto sin regreso a los castigos del Tártaro (el infierno del infierno).

La caída de Estrada es una historia escrita para ser tomada como ejemplo para otros que se creen superiores a sus propias limitaciones. La soberbia es un buen motor cuando se es consciente de las limitaciones, pero se convierte en autodestrucción si las personas se entregan por completo a ella.

Estrada calló y cayó. Las bravuconadas y el meme se diluyen. Hoy pide cuartel. No se lo darán. Seguirá penando su castigo.

Dicen que el infierno está lleno de castigos irónicos. El castigo de Estrada es poético en ese sentido. El abogado que presumía enfrentar al poder; el abogado que presumía la imbatibilidad en los tribunales hoy está condenado a pasar meses en los oscuros laberintos de los tribunales: el abogado quedó atrapado en el juego que aseguraba controlar.

¿Usted qué opina, amable lector? ¿Estrada hizo los méritos suficientes para ganar el privilegio de la soberbia o merecía una caída de esa naturaleza?

Vox Populi
Columnista

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