Por Victor Manuel Arredondo Vizcarra.
En los últimos días la reforma electoral propuesta por el presidente López Obrador ha estado en boca de todos, tanto por quienes la apoyan como por sus opositores, quienes han dado un paso más adelante en alzar la voz y han convocado a una marcha este domingo 13 de noviembre, en el que la premisa principal es que el INE no se toca.
Anteriormente ya tuve la oportunidad de escribir respecto a lo que consiste esta reforma político electoral, pero en esta ocasión quiero centrarme en la conversación en torno a ella, ya que considero que la discusión y aprobación de este puede ser un antes y después en los ánimos de la oposición, quien aparentemente se muestra muy positiva en la convocatoria de la marcha y de que la reforma no va a pasar.
De inicio me gustaría destacar que el Instituto Nacional Electoral (INE) fue creada por medio de una lucha ciudadana para unas elecciones limpias y una democracia real en nuestro país, acompañada por los partidos políticos de oposición, e históricamente las reformas hechas al INE, o antes IFE, fueron hechas desde la oposición, contraria a la reforma que se está discutiendo porque viene del presidente, lo cual trae polémica al pensar que la reforma es para ajustar el sistema a su antojo.

La reforma, como había dicho antes en una columna, es demasiado buena como para no ser discutida, si bien tiene propuestas muy cuestionables que no apoyo, como la elección de los magistrados y consejeros por elección popular o la eliminación de los órganos electorales estatales, tiene elementos que si son buenos y que merecen ser rescatados, como el abaratamiento de la burocracia electoral o el recorte de los plurinominales, sin embargo, la oposición parece estar enfrascada en seguir jugando en contra del gobierno pase lo que pase, lo cual no ayuda a bajar la división política, alimentada a diario desde Palacio Nacional.
El reflejo de esta polarización en torno a la discusión de la reforma electoral la podemos ver en el propio INE: vemos como hay consejeros electorales que llevan años reeligiéndose y estando al frente de los procesos electorales del país. Nadie cuestiona su conocimiento en el tema ni su capacidad, lo que se cuestiona es su permanencia en el poder de esas decisiones, haciendo que se conforme una elite en torno a ella, el cual estos años hemos visto como se defiende de las críticas de quienes hoy promueven esta reforma, ganándose la simpatía de la hoy oposición sin pedirla, pero lo que más llama la atención es que esfuerzan cada vez más en hacer visible su indiferencia hacia el gobierno, promoviendo implícitamente esta polarización (no es como que estén obligados, pero hace más pesado el impasse político).

Estamos en un punto en el que no hay un punto medio viable, o estas en favor de uno o del otro, no hay alguien de peso que se atreva a decir que hay cosas tanto buenas como malas de esta reforma, no hay nadie que se atreva a abrir un debate serio y construir una reforma que incluya ambas perspectivas, ahí es donde entramos nosotros como ciudadanía, quienes debemos abogar por que haya un fortalecimiento de las instituciones y del dialogo entre ellos, haciendo hincapié en la diversidad de opiniones que hay en la sociedad y que debe estar presente en cada debate que haya. No considero que exista una tiranía de las masas, más bien hay una tiranía de un grupo o élite política que persuade a las masas a su beneficio, por lo que hay que estar bien informados y educados para que eso no suceda.
Dicho esto, nadie es quien para decirles que apoyen o no la reforma, o para juzgarlos si van o no a la marcha en defensa del INE, pero deben estar plenamente conscientes de lo que implica jugar para uno u otro bando. Creo en la democracia, creo en las instituciones, creo en que el debate y el diálogo pueden resolver las controversias, pero no creo en la forma en que la oposición y los aliados al gobierno están llevando la discusión y arrastrando a la ciudadanía a su juego.


