Por Victor Arredondo.
El pasado domingo 30 de octubre presenciamos la fiesta democrática más grande de América Latina con las elecciones presidenciales de Brasil, en donde el ultraderechista Jair Bolsonaro y el izquierdista Luiz Inacio “Lula” da Silva se veían las caras nuevamente con dos planes muy diferentes: Bolsonaro buscaba continuar con su propuesta de ideas conservadoras en la política, priorizando lo económico sobre lo social, debilitando las instituciones a su paso; mientras que Lula le apostó a una unión de toda la izquierda, creando un plan que apoye a los sectores sociales más golpeados en la pandemia, ajustar los impuestos con base a la riqueza y evitando el deterioro ambiental.

El pueblo brasileño, sumamente dividido, se decantó por poco más de un punto porcentual por el izquierdista, quien de inmediato debe ponerse a trabajar para convencer al resto de los votantes de su trabajo. Con respecto a México, considero que estas elecciones nos dejan unos apuntes interesantes que nos sirven a todos de cara a las próximas elecciones de 2024:
Primer punto: Las instituciones electorales son importantes y deben prevalecer. En esta segunda vuelta la confianza del electorado en el proceso electoral y en la fidelidad de los resultados fue vital para una pronta resolución de la victoria de Lula da Silva, muy a pesar de los simpatizantes más radicales de Jair Bolsonaro, quien no ha negado los resultados, pero no ha obstaculizado la transición de poderes. En México tenemos un problema debido a la poca confianza y credibilidad de las instituciones electorales, pero en vez de cuestionarnos si de verdad es necesaria su existencia o sus facultades, deberíamos trabajar en optimizarlas, no en desmoronarlas.
Segundo punto: La segunda vuelta otorga credibilidad al ganador, pero en momentos de polarización, un discurso de unidad no está de más. Hacia el final de la jornada electoral, dados los resultados, el candidato de izquierda hizo un pronunciamiento de unidad y compromiso para todos por igual. Cito algunas de sus frases: “A partir del 1 de enero de 2023 gobernaré par 215 millones de brasileños, y no solo para los que me han votado. No hay dos países. Somos un Brasil, un pueblo, una gran nación”. “A nadie le interesa vivir en un estado permanente de guerra, (…) es necesario reconstruir este país en todas sus dimensiones”. También hizo alusión hacia el pueblo que desea vivir bien, “que desea más y no menos democracia, más y no menos inclusión social, más y no menos respeto y entendimiento entre los brasileños”. Este mensaje es un claro ejemplo de que, pese a haber ganado con un escaso margen, se debe tener la iniciativa, la mente abierta, para poder trabajar con inclusión y unidad para todos, y no solo para quienes lo apoyaron, cosa que a los políticos mexicanos de todos los colores y sabores le hacen falta.

Tercer punto: El voto de TODOS es importante. Estas elecciones registraron una participación del 80% del padrón electoral, batiendo los récords establecidos en la primera vuelta (un 79%, brincos diéramos si fuera así en México). Esto representa, además de la confianza en el sistema electoral anteriormente explicado, una simpatía del electorado por los candidatos, quienes se convencieron y convencieron a otros de que su voz es importante y debía traducirse en las urnas, sobre todo la de los jóvenes, quienes fueron el objetivo de los candidatos a través del discurso directo pero también a través de celebridades e influencers, como por ejemplo, Neymar haciendo un live en Instagram junto a Bolsonaro. Debemos hacer caso en México a escuchar e incentivar a los jóvenes a participar, considerando que el voto crucial para 2024 será de las personas entre 18 y 30 años.
Considero que estos puntos son los más relevantes de las elecciones brasileñas que podemos rescatar para el aprendizaje del sistema político mexicano, pero no quiero pasar por alto el coraje de los ciudadanos que salieron a votar pese a los bloqueos de bolsonaristas en los caminos, o la elocuencia del gabinete de Bolsonaro para no tener injerencia política contra Lula da Silva. México tiene uno de los sistemas electorales y políticos mejor desarrollados de la región, pero debemos defenderla y enriquecerla para no dejarla caer en las manos equivocadas.


