Por Selene Ballesteros
La democracia mexicana atraviesa uno de sus momentos más oscuros, que se viene cocinando desde hace varios años. La reforma al Poder Judicial, impulsada sin consenso real y sin el mínimo debate plural, ha dejado al descubierto la urgencia de quienes hoy gobiernan por tomar el control de una de las últimas instituciones que aún representaba un contrapeso: la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En un país donde la separación de poderes es más una aspiración que una realidad, ahora se pretende que los ministros de la Corte sean elegidos por voto popular. Suena democrático, ¿no?
En medio de este contexto, el INE detectó a más de 20 mil personas registradas como observadores electorales con datos duplicados, direcciones falsas, nombres con errores e inconsistencias graves. ¿Cómo es posible que el mismo sistema encargado de proteger la legalidad del proceso tenga que batallar contra redes de manipulación desde antes de que empiece la jornada electoral? ¿Esto es democracia?
La democracia, en su definición más elemental, implica la participación libre, informada y equitativa de la ciudadanía en la toma de decisiones colectivas. Pero hoy estamos frente a un escenario que parece más una simulación. Morena ya está repartiendo acordeones con nombres “sugeridos” para las próximas votaciones. El teatro ya está montado y los actores listos.

Y aquí llega la pregunta que nos duele: ¿votar legitima una elección fraudulenta? ¿O abstenerse es permitir que otros decidan por nosotros? En medio de esta encrucijada se encuentran muchos ciudadanos que, como yo, han asistido a foros, han leído las propuestas, han querido creer en el sistema… pero que hoy sienten una desazón profunda.
Sin embargo, hay algo que sí podemos hacer. Porque si algo nos queda como ciudadanía es vigilar. Documentar. Reportar. Si el sistema se quiere imponer por la vía del fraude, que la evidencia sea incontestable. Que cada casilla tenga ojos, que cada intento de manipulación quede grabado, reportado, subido, viralizado. Y que lo hagamos bajo un mismo grito: #AquíHayFraude.
¿Votar o no votar? Tal vez no hay respuesta única. Pero lo que no podemos hacer es callar.
La democracia mexicana está siendo desmantelada frente a nuestros ojos. Lo que parecía impensable hasta hace algunos años, es decir, la captura total del Estado por parte de un solo proyecto político, hoy es una realidad cada vez más cercana, gracias al autoritarismo disfrazado de izquierda. La reforma al Poder Judicial que propuso elegir por voto “popular” a las ministras y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. A simple vista, esto podría parecer un avance democrático. Pero no nos engañemos. Esta “reforma” es una jugada maestra para debilitar los contrapesos, desdibujar la división de poderes y convertir la Corte en un brazo más del Ejecutivo.
El proceso que debería garantizar justicia imparcial y constitucionalidad se convirtió, en un concurso de marketing barato, que está más que manipulado y controlado desde MORENA, sin garantías mínimas de transparencia ni de calidad en los perfiles, ya lo vimos con los que no cumplen con varios de los requisitos que su propia reforma propone y, aun así, seguirán en la boleta. No hay debates reales, ni criterios técnicos, ni filtros éticos. Hasta ahora solo votos influenciados por propaganda, por clientelismo, por ignorancia, y lo peor: por miedo.
A esto podemos añadirle que el INE reportó más de 20 mil registros irregulares de personas que supuestamente participarían como observadores electorales. 38 mil han sido rechazados por estar en la lista de los padrones de militancia de cada uno de los partidos nacionales; haber sido candidato en los tiempos que marcan los requisitos que no pudo haber sido; haber sido representante general de partido; haber sido, ser en este momento funcionario público con cercanía a los programas sociales, o ser Servidor de la Nación ¿Qué clase de elección necesita amañar incluso la vigilancia? ¿Esto es democracia? Porque cabe destacar que 20 mil 932 corresponden a Morena.
No. Esto es simulación.
La democracia no es solo ir a votar. La democracia es la construcción colectiva del poder público. Es tener instituciones fuertes, independientes. Es tener ciudadanía informada, libertad de expresión (la cual también quieren limitar), participación real. La democracia es un sistema donde hay consecuencias, donde el poder se controla, se fiscaliza, se reparte. Nada de eso está ocurriendo hoy.
Y aun así, estamos frente a la disyuntiva: ¿votar legitima el fraude? ¿O dejar de votar es entregarlo todo? Morena, sin recato alguno, ya reparte acordeones con los nombres y números “recomendados” para las elecciones judiciales. No hay espacio para la deliberación, ni para el análisis de perfiles. El guion ya está escrito. Lo que quieren es que seamos parte de su montaje, que aplaudamos mientras consuman el último acto de este autoritarismo disfrazado de transformación.
Yo misma he asistido a diversos foros, he escuchado a especialistas, abogados constitucionalistas, exfuncionarios del INE. Lo que he escuchado me ha hecho dudar, me ha hecho enojar, me ha hecho sentir impotente. Pero también me ha hecho ver con claridad algo: el problema no es si votamos o no. El problema es que nos quieren fuera del proceso, nos quieren en silencio, como espectadores.
Y eso no lo podemos permitir.
Como juventud y como ciudadanía tenemos la obligación histórica de participar en la política. No porque nos lo pidan, sino porque es nuestro futuro el que están hipotecando. Somos la generación que heredará las instituciones que hoy están siendo destruidas. Si no alzamos la voz ahora, si no nos organizamos, si no resistimos desde lo cotidiano, desde lo digital, desde lo comunitario, mañana no tendremos país al cual defender.
Participar en política no es solo militar en un partido. Participar es informarse, cuestionar, ir a los foros, hacer denuncias, organizar protestas, promover el pensamiento crítico, hablar con nuestras familias, generar comunidad. Porque si algo hemos demostrado como juventud es que no somos indiferentes, aunque quieran pintarnos como apáticos.
Podrán robarnos las instituciones, pero no nuestra dignidad ciudadana.
Y ante este proceso podrido, lo mínimo que podemos hacer es vigilar, documentar, denunciar. Que ninguna casilla quede sin ojos. Que cada anomalía se registre. Que cada intento de manipulación sea visibilizado. Propongo que nos unamos bajo un solo grito. Que no les sea fácil disfrazar lo que es evidente. Que la evidencia digital se convierta en nuestra arma contra la mentira institucionalizada. Somos MX está organizando una plataforma de denuncia ciudadana, y al menos yo, me uniré ¿Y tú?
¿Votar o no votar? Tal vez la respuesta no sea absoluta. Pero no hacer nada sí es una decisión, y es la peor de todas.
No dejemos que nos arrebaten también la esperanza. Porque aún en medio del fraude, aún con un sistema manipulado, la resistencia organizada desde la ciudadanía puede hacer ruido, puede evidenciar, puede incomodar. Y, sobre todo, puede construir futuro.


