Gen Z en acción: cuando la juventud reescribe las reglas y la historia.

Por Yezda Mejía

De un bloqueo digital a un país en revolución: la juventud reclama su lugar en la historia

Canal de whatsapp Politikmnte

Las calles arden. Katmandú no duerme. Más de 51 muertos, mil heridos, un Parlamento reducido a cenizas. Y un primer ministro obligado a renunciar. Algunos lo llaman tragedia. Otros, “consecuencia esperada”. Pero esto no es solo política. Esto es una advertencia: una generación que ya no obedece.

No es cómodo hablar de muertes. Menos aún cuando se discute si fueron injustas, violentas o —lo más brutal— “bien merecidas”. Algunos celebran que caigan quienes protestan; otros lloran vidas que no deberían haberse perdido. Pero detrás de cada cuerpo hay algo más grande: una generación que se niega a aceptar el mundo tal y como está. Y hoy, esa generación tiene nombre: Gen Z.

Un teléfono móvil mostrando la interfaz de WhatsApp, con un texto que invita a unirse a un canal en la aplicación.

Lo vimos en Nepal. Un país de casi 30 millones de habitantes sacudido por su juventud. El gobierno creyó que prohibir 26 redes sociales —Facebook, X, TikTok— bastaría para silenciar la indignación. No lo fue. Lo que comenzó como un bloqueo se convirtió en un terremoto de rabia y protesta: años de frustración acumulada contra el nepotismo, la corrupción y la falta de oportunidades estallaron en las calles. Lo que parecía un simple bloqueo se transformó en símbolo: de autoritarismo, de abandono generacional, de un sistema que subestima a quienes deberían heredar el país.

Y aquí surge la pregunta incómoda: ¿hasta dónde tiene que llegar una sociedad para que su voz sea escuchada? No hablamos de justificar las acciones, pero sí de entender que cuando hay causas profundas, los efectos pueden ser explosivos.

La juventud no espera. No se resigna. No consume pasivamente la historia: la escribe, la comparte, la viraliza y la convierte en arma política. Desde la Primavera Árabe hasta Chile, y ahora en Katmandú, la protesta juvenil se globaliza, y con ella, una redefinición de quién puede cambiar la historia.

Hoy, muchos jóvenes poseen conocimientos sólidos y una comprensión profunda de los problemas que enfrentan. No por su edad son menos capaces; aportan perspectivas distintas y, a veces, ideas más frescas que enriquecen lo que la experiencia ha construido. Es en la combinación de frescura y conocimiento donde la acción encuentra sentido.

No es solo ruido en la calle: es la fuerza de una generación que sabe que tiene derecho a ser escuchada, que entiende que cada acción tiene causa y efecto, y que no basta con gritar: exige respuesta.

Más de 40% de los nepaleses tiene menos de 25 años. Jóvenes sin memoria de la monarquía, pero conscientes de que la democracia heredada está secuestrada por élites que reparten poder como herencia. No protestan solo contra políticos; protestan contra un sistema que roba futuro, talento y esperanza.

Nepal es un espejo incómodo. Nos recuerda que la juventud tiene poder de verdad, que las calles y las pantallas se han convertido en espacios donde se reescribe la historia. La incómoda verdad es que los gobiernos del mundo han subestimado a esta generación durante demasiado tiempo. Hoy, más que nunca, sus voces exigen ser escuchadas, y la pregunta que queda no es solo para Nepal:

¿Podrán los gobiernos del mundo escuchar a una generación que ya no pide permiso, sino que exige un futuro?

Yezda Mejía
Columnista
Yezda Gisel Mejía Abarca es internacionalista y columnista enfocada en el análisis político, social y económico. Ha participado en iniciativas de vinculación institucional, liderazgo juvenil y proyectos de impacto social. Actualmente colabora en espacios de opinión pública y participa en iniciativas empresariales y académicas en Puebla. Complementa su formación con estudios en Derecho.

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