Estados Unidos .- En los últimos cuatro meses, el Pentágono ha enviado miles de soldados en servicio activo y vehículos de combate blindados Stryker a la frontera suroccidental para enfrentar lo que el presidente Donald Trump declaró el primer día de su mandato como una “invasión” de migrantes, cárteles de la droga y contrabandistas.
Pero eso no es todo. El ejército también ha enviado aviones espía U-2, drones de vigilancia, helicópteros e incluso dos buques de guerra de la Armada para vigilar las fronteras y las costas las 24 horas del día.
La acumulación de fuerzas subraya cómo Trump está rompiendo con la práctica de sus predecesores de limitar la mayoría de los despliegues a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México a un pequeño número de soldados en servicio activo y reservistas. Al final del gobierno de Joe Biden había en la frontera unos 2500 soldados en servicio activo. Ahora hay unos 8600.
En una visita reciente con soldados en Arizona, Nuevo México y Texas, la frontera estaba bastante tranquila. Los cruces, que disminuyeron drásticamente en los últimos meses del gobierno de Biden, se han desplomado aún más desde que el gobierno de Trump declaró su objetivo de obtener el “100 por ciento” del control operativo de la frontera con México. En abril, unas 8000 personas fueron detenidas tras cruzar ilegalmente la frontera, una cifra inferior a las 128.000 personas de un año antes, según las estadísticas del gobierno estadounidense.
Sin embargo, no se vislumbra el final de la misión militar en la frontera, que según el Pentágono ha costado 525 millones de dólares hasta la fecha.
Los despliegues siguen creciendo en tamaño, alcance y sofisticación, incluso mientras prosigue el debate sobre los beneficios y los inconvenientes, y el ejército amplía sus autoridades territoriales para ayudar a interceptar a los migrantes.
Estos pasos iniciales han proporcionado pruebas a ambas partes del debate sobre la utilidad de enviar fuerzas de combate de primera línea a la frontera: parece que disuaden a los cárteles, hacen la vida algo más difícil a los traficantes de personas y dan a los soldados de infantería, o al menos a las tripulaciones de los Stryker, la oportunidad de perfeccionar algunas habilidades. Pero los costos en dólares y en preparación para el combate a largo plazo siguen sin estar claros.



