¡Trump vuelve a la carga por Groenlandia! “Solo quiero un trozo de hielo, no usar la fuerza”, dice en Davos mientras arremete contra Europa.

21 Enero 2026.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este miércoles en el Foro Económico Mundial de Davos que no usará la fuerza para adueñarse de Groenlandia, una ambición que mantiene en vilo al mundo. “La gente pensó que usaría la fuerza. No tengo por qué usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No la usaré”, dijo, en un discurso en el que, sin embargo, insistió con toda claridad que quiere controlar el territorio por razones de seguridad nacional e internacional y que pretende conseguirlo con negociaciones, lanzando una poco velada amenaza a los europeos: “Tienen dos opciones. O aceptan, y estaremos agradecidos, o se niegan, y no lo olvidaremos”.

La renuncia al uso de la fuerza fue la única, importantísima, luz en un discurso tenebroso ante la audiencia de la conferencia en la localidad alpina suiza. Más de una hora de intervención que ha dibujado los tratos esencial de la visión trumpista del mundo, una en la cual Europa es un continente descarrilado, un peso más que un aliado, y que ha fluido cargada de amenazas —como la descrita—, mentiras, resentimiento, insultos, humillaciones, tergiversaciones, instintos racistas.

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Mentiras como que la OTAN nunca hizo nada por EE UU, cuando los aliados se activaron según el artículo 5, de defensa mutua, tras el 11-S y lucharon en Afganistán codo con codo con las fuerzas estadounidenses, o que las elecciones de 2020, que él perdió, fueron fraudulentas. Al respecto, el presidente anunció próximas medidas penales.

Resentimiento, como en las recurrentes quejas de que los demás países se habrían aprovechado durante décadas de EE UU por un sistema de libre comercio en el cual, sin embargo, la potencia americana pudo prosperar y afianzar su hegemonía.

Insultos, como cuando llamó “estúpido” a Jerome Powell, jefe de la Fed, o a todos aquellos que instalan sistemas de producción de energía eólica.

Humillaciones, como los relatos prepotentes de llamadas de trabajo con otros presidentes, como en el caso de Macron, describiendo en tono hiriente presuntas capitulaciones políticas en negociaciones, en este caso en materia farmacéutica.
Tergiversaciones, como en el presumir de una cifra de inversiones en EE UU que es teórica, en la descripción de la criminalidad en EE UU y la milagrosa cura que representaría la actuación de la Administración Trump.

Instintos racistas, como en la consideración de los somalíes. “¿Pueden creerse que resulta que los somalíes tienen mayor coeficiente intelectual de lo que pensábamos. Dijimos, esta es gente con CI bajo”, vinculando la corrección de la percepción a las presuntas habilidades criminales.

Con esos ingredientes, Trump presentó a una platea cargada de figuras de máximo relieve del mundo empresarial y político su visión del mundo, una en el cual Europa no es un aliado respetado.

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