Por Antonio Flores
Para: Aquellos que se hayan dado el tiempo de leer de principio a fin.
La vida es demasiado efímera… Nacemos, crecemos y morimos; simplemente es el ciclo de la vida. Y así como la vida es efímera y podemos morir, las democracias nacen reclamando sangre, crecen y, si llega un candidato al que le resultan incómodas la división de poderes, la transparencia y el Estado de derecho, lamentablemente mueren. Sin embargo, he aquí el cuestionamiento: ¿mueren por el político o por la apatía ciudadana?
Una pregunta que me gustaría responder desde el inicio, pero prefiero que ustedes formen su propio criterio.
Nuestra joven y bella democracia, o bueno… al menos lo que queda de ella, nos costó demasiadas vidas como para ser apáticos ante cualquier proceso electoral. Y no los juzgo, puesto que comprendo perfectamente la apatía que existe en el tejido social, producto de la desconfianza hacia los políticos y los partidos políticos. Sin embargo, si no somos nosotros, ¿quién? Lamentablemente, cuando el poder ciudadano cae en los laureles de la indiferencia, quienes suelen decidir el resultado de las elecciones son los propios gobiernos. Incluso me atrevo a señalar que el crimen organizado juega un papel fundamental en la era moderna, pues quien le sirva a sus intereses podría contar con el respaldo de la maña.
Nuestro país, este México agonizante que actualmente tenemos, pide a gritos y entre sollozos que lo rescatemos de las viles garras de una mala administración. Nos pide que nos empapemos del espíritu del deber cívico de salir a votar para decidir, en las próximas elecciones de 2027, quiénes deben ocupar los espacios de poder.
Aunque la necesidad de México es una, el tejido social muestra otra realidad: “todos son iguales”, “no me afecta”, “todos roban”, son algunas de las premisas con las que los votantes suelen justificarse para no despertar temprano e ir a votar.
“Mexicanos al grito de guerra”: una de las frases más poderosas de nuestro Himno Nacional, que nos llama a la guerra si es necesaria. Sin embargo, no se refiere únicamente a un conflicto contra otro país, sino también a la defensa de nuestra nación frente a quienes mancillen nuestro territorio y sus instituciones, incluidos aquellos que dicen gobernarnos.
Por supuesto, lo anterior no es un llamado literal a tomar un arma y tirar plomo, sino más bien una invitación a ejercer nuestro deber cívico: salir a votar de manera informada, consciente e inteligente, sin dejarnos llevar por unos cuantos pesos que llegan bimestralmente.
México merece más. Los adultos merecen más; los agricultores, los ganaderos y los pescadores merecen más. Los mexicanos merecemos más que las migajas que nos están dando.
“Ahí están las masacres” con risa burlona lo expresó López Obrador, mientras que padres, abuelos y millones de personas lloran, gritan e imploran por encontrar a sus familiares desaparecidos.
Niños, niñas y adolescentes se quedan sin salir a jugar por el temor justificado de sus padres ante lo que pudiera pasarles. ¿De qué sirve el sinfín de militares desfilando como si fuera un carnaval si nos matan a cualquier hora del día?
No sé ustedes, pero yo sí quiero un México próspero y seguro, donde nuestras infancias puedan vivir sin miedo a salir a la calle. Quiero un México en el que se respeten nuestras leyes y existan buenos gobiernos capaces de colocar a nuestro país en el más alto sitial entre las naciones del mundo.
Pero para que lo anterior se haga realidad, necesitamos que cada votante mexicano se quite la venda de los ojos que le impide ver la realidad y se comprometa con la llama del deber cívico.
Porque México no es de ningún partido político, México, damas y caballeros, es de nosotros, los mexicanos.
Al grito de libertad, igualdad y fraternidad, hagamos que en 2027 tomemos una decisión informada y consciente para nuestro país. Porque recuerden que la apatía y la desinformación de una sociedad pueden contribuir al deterioro de una nación entera.


