Por Adrián Espinoza de Los Monteros
Algo que se puede rescatar sobre la controversia generada por el tema de las audiencias es que el derecho a la información está estipulado en el artículo sexto constitucional. No es ningún invento de la Presidenta Sheinbaum ni ningún capricho censor, contrario a lo señalado entre la comentocracia, que en lugar de abonar a esta conversación -que ya se da en el resto del mundo- decidió dispersar bulos con claras intenciones de tergiversar lo propuesto por la titular del ejecutivo en consenso con la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT)
De manera muy sencilla: la iniciativa busca garantizar el derecho de las audiencias a la información libre, plural y veraz. Esta es producto de la reforma en materia de telecomunicaciones de 2024 y fue propuesta por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, antes llamado Instituto Federal de Telecomunicaciones. La CRT depende directamente del ejecutivo, por cierto. No tiene autonomía.
Sin embargo, es importante recalcar que por ningún motivo se sancionará a medios de comunicación por un tema de contenidos. Eso lo ha dejado muy claro la Presidenta en su conferencia mañanera. Las sanciones se emitirán únicamente si el medio no publica su código de ética, si no designa a un defensor de las audiencias (los medios deciden esto, no el gobierno) y si no disponen de canales para quejas. Solo en esos 3 casos.
Es tan absurdo lo que plantea la comentocracia que si uno se pone a revisar la iniciativa, se podría dar cuenta que lo único que se les requiere es desplegar una serie de cintillos en caso de hablar de información u opinión o si están transmitiendo publicidad. Es así de simple el contenido de la iniciativa.
También es interesante notar cómo los principales canales de televisión se apropiaron de esta conversación al propagar la idea de la censura, cuando en realidad se está lejos de algo así. Incluso uno de los periodistas que se quejaba de la supuesta censura señaló en un programa hace más de 20 años que “los medios mienten, no hay uno solo que no lo haga”. Fue el caso de Sergio Sarmiento, un personaje que ha sido crítico con la administración federal actual.
Habría que recordar que la reforma en materia de telecomunicaciones del 2025 es una consecuencia de la reforma del 2014 promovida por el PRI y el PAN, quienes son los que hoy amargamente acusan censura. Esos dos partidos fueron los que incorporaron los derechos de las audiencias, los mismos que hoy confrontan a la Presidenta en este tema.
Un breve repaso:
- Distinguir hechos de opiniones
- Que la publicidad no se disfrace de información
- Más voces en el debate público
- Que los concesionarios designen un defensor de las audiencias para atender reclamos y dar recomendaciones
Surge una pregunta: ¿puede coexistir el derecho de las audiencias con la libertad de expresión? por supuesto que sí y no tendrían que estar peleadas. Afirmar lo contrario es claramente un falso debate o una falsa dicotomía. El control político o editorial no está delineado en los lineamientos de los derechos de las audiencias, que por cierto están en etapa de consulta pública.
Todo lo previsto ya estaba previsto por la ley e incluso propuesto por los actuales partidos de oposición. La libertad de prensa puede ser perfectamente complementaria con el derecho de la audiencia a recibir información fidedigna, objetiva y que apela a la verdad.
El debate debería de girar en torno a lo que marca la ley, no alrededor de una narrativa instaurada de manera no orgánica en las redes sociales, con el fantasma de la censura rondando el debate, ya que en este asunto la labor del periodista, del ciudadano y de la clase política debería de ser desplazar el sospechosismo por el análisis frío y jurídico.
La discusión sobre la regulación debería apuntar principalmente a entender qué esta no pretende ejercer control editorial o instaurar “líneas”, sino más bien detener la avalancha de desinformación que ha venido permeando desde hace años en nuestro país, con los medios actuando más como agentes de intereses políticos que como vehículos de la verdad.


